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viernes, 20 de septiembre de 2013

Memorias de un emigrante zamorano - Parte 9

MIS TAREAS DE INVESTIGACIÓN

En mi forma de ser siempre estuvieron presentes las tareas de investigación, recuerdo que ya cuando repartía diarios, sabía detenerme muchas veces en el parque Cisneros; este era un lugar de varias hectáreas llenas de pinos, deshabitado, donde solo se veían varias canchas de fútbol que eran mantenidas por los muchachos de la zona. Nunca supe quien era el dueño de esa extensión de tierra que se decía que había vivido el Virrey Cisneros en la única y muy antigua casa que había y que se apreciaba su arquitectura y detalles de lujo a pesar de estar abandonada.

Este parque lo cruzaba todos los días al final del reparto de diarios y como todo aquí era medio salvaje, se veían animalitos de distintas especies al igual que muchas aves que hace años han desaparecido, entre ellas el hornero. Este pájaro es una lástima que ya no esté... construía un nido sobre postes de luz o teléfono o el que fuera, que daba gusto verlo. Era redondo como una bocha, todo de barro y paja, con la entrada orientada al norte; parecía un pequeño horno de barro. Es increíble la inteligencia de este pájaro; la entrada tenía una pared interior en diagonal que simulaba un pórtico y no dejaba ver el interior, además de impedir la entrada de la lluvia.

Muchas veces me quedaba un buen rato mirando como construían el nido y si no era esto podía ser un hormiguero, ranas; había una laguna que tenía muchas, también peces de colores, en fin había de todo y me gustaba observar y sacar muchas conclusiones.

Al día siguiente de una lluvia era común encontrar debajo de los pinos, hongos de los buenos, iguales a los que alguna vez juntaba entre los trigales en mi pueblo, algunos eran grandes, casi del tamaño de una boina vasca. Mamá los llamaba cocorriles.

Siempre recuerdo las palabras del profesor de Física del industrial Sr. Di Lorenzo: Nunca se conformen con saber que algo sucede... lo verdaderamente importante es saber por qué sucede...

Con los años sería yo quien diera este sabio consejo a mis alumnos, también lo utilicé en muchos escritos siempre mencionando al Sr. Di Lorenzo.

Con estas palabras quiero decir que siempre se me dio por la investigación no solo en electrónica, también en otras ramas de la ciencia. El resultado han sido algunas patentes y registros que me han otorgado en el INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Industrial) y de la Dirección Nacional del Derecho de Autor. Acompaño algunas copias de la carátula de algunas patentes, las últimas otorgadas el 8 de Octubre de 2004 y el 26 de Octubre del mismo año.

Debo decir que llegaron a cansarme en el INPI con las vueltas que me dieron en la gestión de cada patente, a tal extremo que abandoné muchos intentos de otras cosas interesantes.

Hubo muchas "cosas extrañas" en las actuaciones, vistas y observaciones irregulares; terminé por abandonar varios trámites y como ya dije otros no iniciarlos. Le quitan las ganas a uno.

Tengo que decir que yo lo hacía completamente todo, los escritos, planos, circuitos, reivindicaciones, contestaba las vistas etc. etc. ya que encargarle estas tareas a una agencia de patentes cuesta mucho dinero, que yo no tenía. Pero que voluntad de continuar las gestiones me puede quedar cuando por ejemplo, la última, otorgada el 26-10-04 se comenzó el trámite el 02-09-94... ninguna tardó menos de 6 años y siempre "paseando" por los pasillos y oficinas.

Llegamos al colmo cuando un día, también de Octubre de 2004 (que sugestivo, no?) recibo dos notificaciones del trámite de dos patentes. Cuando vi los sobres me puse contento, me dije, por fin, después de tantos años salieron...

Una parte del texto de dos carillas decía: 
LA ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE PATENTES DISPONE: ARTÍCULO 1º.- Declarar el desistimiento de la solicitud Nº P19960103770 presentada con fecha 26-07-1996 por Fuentes Gregorio con domicilio legal. etc. etc.

El otro sobre decía exactamente lo mismo con la única variante del número de la otra patente... Me acababan de "limpiar" dos patentes muy interesantes. 

Vean el título de una de ellas para darse una idea: 
"UN PROCEDIMIENTO DESTINADO A LA LECTURA DIGITAL DE LA PRESIÓN EXISTENTE EN LÍQUIDOS O GASES MEDIANTE UN SENSOR DE EFECTO HALL APLICADO EN UN MANÓMETRO". Alguien podría pensar que después de haber invertido tanto tiempo y dinero en estas dos gestiones de patentes podía desistir de ellas, cuando ya estaban todos los trámites hechos??... no señor, estaba esperando su otorgamiento, nunca hubo un aviso previo ni nada...

Bien, hasta aquí llego con el relato que pienso es bastante abundante, sin embargo todavía queda mucha tela para cortar... pero con lo expuesto es más que suficiente para expresar las vivencias de este zamorano que salió de su tierra cuando todavía era "un brote verde y tiernito" y terminó de madurar en otra tierra que aceptó el transplante. Espero no haberlos aburrido con la exposición, solo me queda agradecer nuevamente a mis compatriotas por haberme tratado como un hermano, verdaderamente es lo que siento, y decirles que nunca olvidé nada de mi patria a pesar de mi corta edad.
(con esta última nota damos por finalizada la transcripción de fragmentos del libro "Memorias de un emigrante zamorano", de Gregorio Fuentes.)
Miguel Angel Moschiar

lunes, 16 de septiembre de 2013

Memorias de un emigrante zamorano - Parte 8

LA VIDA CONTINÚA... EL TALLER, LAS VILLAS

Efectivamente, la vida continúa, ahora trabajando en el taller de reparaciones de equipos electrónicos. Para este tiempo, tenía dos clientes importantes que me daban entre ambos más del 50% del trabajo, uno era una casa de artículos para el hogar en Munro, se llamaba Uramar (el comercio) y el otro un fabricante de televisores (Mario L. Ferreira Teixeira) con la marca Weimar en sus televisores.

Todos los días tenía entre 4 y 8 televisores para reparar en domicilio, casi todos en alguna Villa de Emergencia (comúnmente llamadas Villa Miseria).

Como se imaginarán, soy uno de los pocos que conocen bastante bien a esta gente, como son, como viven... yo tenía que convivir con ellos por un rato, en el interior de sus muy modestas "casitas" hechas con cualquier cosa, maderas de cajones de manzana, latas viejas, chapas de cartón etc.

Mi conclusión con respecto a ellos y su modo de vida, es la siguiente: El 95% de la gente es muy buena, solidaria y trabajadora. Son pobres, pero honrados, no ladrones como suelen calificarlos a todos por igual...

Lo que pasa es que tienen un coeficiente y nivel de educación relativamente bajo, no en todos los casos por supuesto, a lo que debemos agregar que debido a esto, suelen ser explotados fácilmente por gente inescrupulosa [sic] que nunca falta y principalmente políticos que solo se acuerdan de ellos cuando hay elecciones.

Pero hay un 5% de delincuentes de todo tipo, que habitan la villa, mezclados entre la buena gente; no son residentes, la usan de aguantadero [sic]; Estos son los que "hacen tanto ruido" que luego los demás habitantes del país los involucran a todos por igual, como decimos vulgarmente "los meten en la misma bolsa" y los quieren quemar a todos.

Deben saber que ese 95%, los buenos, son los que menos los quieren y son quienes más desean la presencia policial (aunque a alguien le parezca mentira) que les permita vivir con mayor tranquilidad y seguridad, porque ellos los sufren más que nadie y no pueden hacer nada... pero, claro, quien le va a dar "bola" a esos "villeros de m..." [sic].

No saben lo equivocados que están. Después de convivir años con ellos (en esas visitas diarias de service) de entrar con el auto hasta donde podía (luego había que seguir a pie) creo que tengo suficiente autoridad para opinar. Nunca me pasó nada ni a mí ni al auto y fui siempre tan bien atendido como lo sería un médico seguramente. Si caía al medio día, como sucedía muchas veces, me invitaban a comer y se molestaban bastante porque no aceptaba el convite, pero realmente tenía mucho que hacer y no podía detenerme.

Lo que sigue marca lo escrito sobre esta gente: Terminada la reparación, mis manos estaban negras de polvo y hollín; téngase en cuenta las condiciones en que viven... el interior del televisor estaba lleno de polvo ya que adentro de la vivienda era medio parecido a estar afuera, por las rendijas que tienen las paredes. En una ocasión, reparé un televisor cuyo defecto fue provocado por un ratón que se metió, provocó un cortocircuito y no funcionó más. Cuando saqué la tapa allí estaba el pobre bicho, electrocutado... Era común encontrar toda clase de bichitos y alimañas muertas en su interior además del polvo. Bien, sigamos con mis manos sucias.

No bien terminaba el trabajo y sin decir ni pedir nada, ya tenía preparada una palangana con agua, un jabón nuevo y una toalla limpia impecable.

Esto que parece una nimiedad, no es tan así, esta gente y los que componen la villa, suelen tener una canilla que los provee de agua a todos; Pensemos que algunos viven a 400 metros o más de esa canilla y que generalmente hacen cola para llenar un par de baldes y llevar agua a sus casas. Con esto quiero decir que esa palangana con agua y esa toalla limpia, no significa lo mismo en una buena vivienda de clase media que en esos ranchitos...

OTRAS ACTIVIDADES

Más adelante me puse a fabricar televisores, la marca de fantasía (sin registrar) era Tevesonic, puse un amigo que había sido corredor libre, experto en ventas domiciliarias llamado Luis Esponda, quien a la postre sería uno de mis mejores amigos y algún otro vendedor. Las cosas andaban bien y alquilé un local, continuaba con las ventas domiciliarias y también al público en el comercio.

Luego agregué muebles y más artículos a medida que iba creciendo; también traje a trabajar conmigo a mi hermana Pilar, que lo hizo durante unos años. Esta actividad la desarrollé durante unos 20 años más o menos, en ese tiempo estuve alejado de la electrónica completamente, o sea que mi actividad era netamente comercial y me iba bastante bien, hasta que nuevamente cambió la suerte.

Me metí en una sociedad con dos amigos para comprar una estación de servicio (creo que en España le dicen gasolinera) y nos estafaron a los tres. Quedamos medio a los tumbos [sic].

Luego me estafó el "hombre de confianza" que tenía en el negocio (puso otra mueblería con lo que me robó) y para remachar los clavos, como decía mi madre, en la década de los 90, durante el gobierno de Menem las cosas iban cada vez peor así que liquidé todo y volví a mis viejos amores: la electrónica y Radio Instituto. Digamos que unos años antes ya había empezado nuevamente a ponerme al tanto de los avances que se habían producido en ese "bache" tan grande que estuve alejado y estaba recuperando terreno rápidamente.

Radio Instituto tampoco pudo escapar a la debacle económica de esa época y me encontré con los "restos". El edificio de la Av. Rivadavia donde se dictaban las clases personales se había vendido y naturalmente ya no se daban más clases. Quedaba solo una oficina donde todavía continuamos con la enseñanza a distancia, pero la economía no alcanza a despegar.

Es simple de entender: Mientras la clase obrera no tenga salarios dignos que le permitan vivir y ahorrar un poco, nosotros no podremos crecer, porque trabajamos con ellos. Ahí está nuestro caudal de alumnos. Pero no perdemos las esperanzas que todo repunte nuevamente.

Pero también este retorno tiene su parte sentimental y romántica... Me encuentro nuevamente con Gladys Beatriz Paz que había sido compañera en las oficinas de la escuela en la "época de oro", cuando estábamos en la calle Billinghurst 543 de Capital Federal y yo era uno de los profesores, andábamos por los 20 años más o menos en aquel entonces. Y bien, lo que no pudo ser en aquella época se cristalizó en ésta.

Hoy somos un matrimonio que se quiere bien, nos llevamos tan bien que hasta discutimos y todo... un poquito bahh (en los matrimonios que no existen discusiones, algo no anda bien...).

Además debo decir que sin ella no se que hubiera pasado conmigo; fue la más fiel y diligente compañera que Dios o mi Ángel de la Guarda (ojo que es de los buenos...) puso en mi vida.

Ella estuvo a mi lado en dos infartos que tuve, gracias a Dios pequeños, pero infartos al fin, se movió por todas partes en los hospitales que estuve internado y realizó gran cantidad de trámites que son necesarios para el ingreso al programa de España Salud, como así también en la pre y post cirugía cardíaca (fui operado el 03-02-04). Una joyita. Al principio de la presente biografía me refiero a este hecho y como mis compatriotas de Buenos Aires, ante la urgencia del caso me allanaron velozmente el camino para asociarme.
(siguen los relatos fragmentados de este libro)

martes, 3 de septiembre de 2013

Memorias de un emigrante zamorano - Parte 6

EL 6º GRADO

A raíz de este episodio, me puse a pensar seriamente que así no se podía seguir, no era posible llegar tarde tantas veces y encima todavía me faltaba cursar el 6º grado, el año próximo, pero yo quería seguir en el turno de mañana ya que todos mis amigos del barrio iban a este turno y por la tarde nos dedicábamos "a jugar a todo", a la pelota, lucha a caballo, boxeábamos (un chico tenía guantes de box del hermano, eran de entrenamiento), hacíamos "casitas" en los árboles y también bajo tierra (cavábamos pozos enormes y luego le poníamos techo con maderas que después cubríamos con tierra) y ya cuando comenzaba a hacerse oscuro, teníamos la "aventura" .... ir a "robar" frutas de los árboles que tenían en su terreno muchos vecinos no tan cercanos a nuestras casas.

Convengamos que hambre no teníamos, fruta era lo que sobraba en nuestras casas, no teníamos ninguna necesidad de hacerlo, pero daba la impresión que "esa fruta", robada, siempre era más rica...

La única realidad era, como ya dije, la aventura, el riesgo de recibir algún sopapo si nos agarraban, de hecho, más de una vez hemos tenido que salir corriendo perseguidos por el dueño de casa, claro, a esa edad éramos más veloces que una liebre; siempre logramos escaparnos.

Solo lo hacíamos por el ánimo de la aventura y jamás se nos ocurrió llevarnos otra cosa que no fuera algunas frutas como ya he dicho.

Bien, si me pasaba al turno de tarde, me iba a perder todo esto ó buena parte y no estaba dispuesto ha hacerlo, por lo tanto y con más razón ahora que en la escuela sabían de mi actividad y eran más permisivos continué en este turno, pero además decidí hacer el 6º grado libre, aprovechando que estudiar no me traía muchas dificultades.

Claro que esto me iba a demandar un esfuerzo adicional que yo mismo no sabía cómo lo iba a resolver; tenía que seguir haciendo el reparto como siempre, continuar con el 5º grado en la escuela 12 como siempre, pretendía jugar y hacer todas las travesuras dichas y además ir a una maestra particular que me preparara para rendir a fin de año, el 6º grado en el Ministerio de Educación...

La maestra particular resultó ser una mujer muy buena, también joven, llamada María, que era clienta del reparto que hacía papá. Las clases eran tres veces por semana de 2 horas cada una, si mal no recuerdo.

Como todos se imaginarán, este tiempo, más el de ir y venir, había que debitarlo de la juerga con los demás amigos del barrio. Pero digamos que valió la pena el esfuerzo ya que todo anduvo bien y conseguí hacer los dos años en uno sin desatender el reparto, solo un poco el estar con los amigos en esos días. Además, de este modo conseguí recuperar el año perdido a causa de la fecha de llegada al país y no tener residencia para vivir todavía, como ya he dicho más arriba.

"SEGUNDO TIEMPO" EN MI VIDA

En esta segunda etapa en la vida de una persona suelen suceder los acontecimientos más importantes, los que van a definir su futuro como persona, en todo ello, uno mismo tiene mucho que ver pero, pero hay un porcentaje de imponderables que en la pubertad y adolescencia tienen gran importancia y que algunas veces no los sabemos manejar y otras no podemos o no está a nuestro alcance poder hacerlo.

Lo que es seguro, que en la mayoría de los casos, los que vienen de "buena pasta" estarán sometidos a los mismos avatares que todos, pero sabrán asimilar todo lo bueno que la vida les presenta y descartar todo lo malo, sin desconocerlo, y atención, que esto es importante.

Estas cosas generalmente se aprenden en la "Universidad de la calle..." que nadie debe menospreciar ya que es una parte importante de nuestras vidas.

Yo siempre dije, Todos,... absolutamente todos, sabemos que es lo que está bien y lo que está mal, hasta el más tonto lo sabe... ahora... según hacia que lado se incline podremos decir si es una buena persona o no lo es tanto...

Comienzo a estudiar Electrónica en el viejo EINSI, Escuela Industrial Nacional San Isidro. Todos sabemos que las escuelas industriales tienen doble jornada; a la mañana teoría y por la tarde práctica en el taller. Aquí ya no podía realizar el reparto de la mañana, había que entrar a las 8 en pleno corazón de San Isidro, viajaba en el colectivo 4, luego 304 y actualmente 343. Un servicio muy malo con pocos coches. Para entrar en él, en Villa Adelina, había un inspector de la línea en esa parada, que estaba justo en la entrada de mi escuela primaria, pues bien, él mismo abría la puerta de emergencia de atrás, "nos daba un pie" para subir (poner las dos manos unidas y usarlas de escalón) y así entrábamos al colectivo un grupo numeroso de niños que luego bajábamos casi al final del recorrido. No cabía un alfiler y sin embargo seguía subiendo gente, claro, de vez en cuando bajaba algún pasajero, pero la mayoría lo hacía en San Isidro.

En ésta época el reparto (el que yo hacía) lo trabajó un muchacho durante un tiempo, luego lo hizo Antonio Miñambres, padre de Modesto Miñambres, quien también es actualmente un directivo del Centro Zamorano de Bs. As. Y finalmente mis hermanos (los dos juntos) Pilar y Miguel, bajo la tutela de mamá que los acompañaba. Este trabajo no podía sostenerse en estas condiciones, por lo que al poco tiempo se lo hemos vendido a quien era un amigo y cliente del reparto de apellido Toledo (no recuerdo el nombre) que trabajaba en la fábrica de mosaicos de Marcelino Ramos, español, también cliente nuestro, con lo que se acabó este tema, también para mis hermanos.

Cuando yo regresaba a casa después de las clases de taller en el industrial, ahora me esperaba otra tarea. Hacer un pequeño reparto de diarios de la tarde. Un reparto que papá le compró a un señor, Juan Puplo. Para tener una idea de cómo era Villa Adelina en ese tiempo, como comentario al margen, diré que este hombre hacía el reparto con un sulky tirado por un caballo.

Ahora papá tenía un reparto a la mañana y otro a la tarde. Buena parte del recorrido de éste reparto coincidía con el de la mañana, por lo que había algunos clientes que compraban los dos diarios; el matutino y la 5ª edición, primera de la tarde, luego, más bien entrada la noche venía la 6ª, ésta ya era exclusiva para los quioscos. No había repartos de la 6ª.

En este momento debo decir, principalmente para quienes no conocen, que una escuela industrial exige del alumno tiempo completo. No es posible estudiar del modo que yo lo venía haciendo, al tener que trabajar no queda tiempo. No hay duda que los padres quieren lo mejor para sus hijos pero en ocasiones no se dan cuenta que se les exige lo que humanamente no pueden dar, por más capacidad que tengan, es así que no terminé en el industrial, continué mis estudios de electrónica en una escuela privada, la más importante del país en ese tiempo Radio Instituto, fundada en 1937.

Aquí sí, me permitía desarrollar otra actividad y me sobraba tiempo.

Digamos que siempre tuve que trabajar, desde los 9 años...
(continuaremos con estos textos fragmentados)

viernes, 30 de agosto de 2013

"Memorias de un emigrante zamorano" - Parte 5

EL TRABAJO CON LOS DIARIOS Y LA ESCUELA... 

He terminado el segundo grado como vimos con gran beneplácito, papá consiguió que le prestaran algún dinero y pudo comprar un reparto de diarios a domicilio, eso también era bueno.

Las finanzas en casa seguían siendo endebles, tengamos en cuenta que siempre para un obrero sin oficio ahorrar algún dinero se le hace difícil, sin embargo algo se podía.

Por otra parte papá tenía un oficio, era sastre y de los muy buenos, pero todavía no había tenido la oportunidad de trabajar en este rubro, que luego sí lo hizo, como voy a explicar, si me queda tiempo.

Yo tenía 9 años, cercano a cumplir 10, y me tocó "darle una mano" a papá que no podía hacer el reparto él solo. Si queríamos progresar, todos debíamos colaborar de alguna manera para juntar dinero, recordemos que vivíamos en una casita humilde (el "rancho") y además alquilando el terreno a mi tío Alejandro, esto nos obligaba un poco para tratar de "zafar" del alquiler y lograr tener una vivienda propia.

Mi reparto era desde aproximadamente la estación de Villa Adelina, la salida comenzaba desde el bar Bristol, ubicado a dos cuadras de la estación, donde recibíamos los diarios (convengamos que una cuadra es la expresión común en Argentina para representar una calle de 100 metros) y terminaba en el barrio Orbis que quedaba distante unas 30 cuadras de la salida.

Este era el reparto chico, el grande lo hacía papá y era del otro lado de la vía, hacia la Av. Ader. Claro, un reparto no es una línea más o menos recta, hay que ir de un lado a otro al domicilio de cada cliente, por lo que en la realidad la distancia podría llegar a triplicarse y recordemos lo que ya dije, en ese tiempo el pueblo era más parecido al campo con casas distantes unas de otras y calles de tierra la mayoría.

El tema es que se aproximaba la época de comenzar nuevamente las clases, ahora pasaba al tercer grado y en casa ya se hablaba de anotarme en el turno de tarde. Esto no me gustó nada ya que mis compañeros ya eran mis amigos y era un gusto estar con ellos todos los años, así que miramos bien la posibilidad de lograr vencer los tiempos y llegar a tiempo a la escuela, o sea un poco antes de las 8. Vimos que se podía lograr. Papá me despertaba más o menos a las 4,30 hs. siempre era de noche, aún en el verano, desayunábamos y salíamos para el bar Bristol.

Los diarios llegaban en una camioneta cerrada entre las 5,30 y las 6 de la mañana. Lo primero que preparábamos era mi reparto y salía cuanto antes (había que contarlos, ponerle los suplementos que venían aparte etc.). Si conseguía salir a las 6,30 hs. o antes, llegaba bien, en hora a la escuela, para todo esto, primero tenía que ir por casa, cambiarme y ponerme el delantal. Duran te un tiempo el reparto lo hice a pie, al igual que mi padre, más adelante mi tío Manolo, que estuvo un tiempo en Buenos Aires, cuando volvió al pueblo, Junquera, me dejó una bicicleta Bianchi, italiana, la mejor que había en ese momento, ya hablaré de él.


Papá siempre lo hizo a pie ya que no hubo caso que aprendiera a andar en bicicleta. Voy a aprovechar para contar algo inédito que sucedió en el año 1954 y que nunca encontré a nadie que lo haya visto.

Una madrugada de invierno de ese año, a la hora de levantarse (4,30 dije) papá me llamó pero no como siempre. Había en su voz un tono de admiración fácilmente advertible para cualquiera; Goyo, Goyo... ven pronto, mira esto.

Todos los días remoloneaba un poco, pero en este caso pegué un salto en la cama y me asomé como estaba, en paños menores, y vi con asombro todo nevado, los árboles frutales, las verduras de la quinta el suelo, todo era blanco y nevaba en ese momento también. Siguió nevando por unos diez minutos más, lo que no sabemos es desde que hora nevaba, pero seguramente desde más de una hora porque se llegó a juntar una cantidad en el suelo de aproximadamente 20 cm, se hundían los zapatos completamente. De pronto dejó de nevar y como la temperatura no era bajo cero, la nieve comenzó a derretirse rápidamente.

Ya cuando salimos para trabajar a eso de las 5,15 quedaban solo algunas "islas" de nieve y pronto no quedó nada. Ese mismo día y los siguientes tanto yo como mi padre preguntamos a mucha gente si habían visto el espectáculo, pero no, nunca encontré a alguien que lo viera; es que fue muy temprano y no se repitió nunca más, me refiero a ninguna vez en todos los años que tengo...

Pareciera ser que sólo mi padre y yo vimos la única nevada que ocurrió en Buenos Aires, a 18 km del Obelisco, que es la referencia o inicio de todas las rutas nacionales es decir el kilómetro 0 (cero).

Bien, otra vez volvamos al grano. Así las cosas comencé el tercer grado en la escuela y durante todo ese año puedo decir que fueron pocas las veces que llegué tarde, el motivo era que los diarios llegaban bien, en horario. Tengo otro recuerdo de este año que me viene en este instante a la mente.

Yo, a pesar de ser un buen alumno, era medio distraído (y lo sigo siendo), así es que un día llego del reparto apurado, mamá, como de costumbre me tenía lista la ropa, me cambié rápidamente y salí como un cohete para la escuela porque se me estaba haciendo tarde. Llego a la escuela y antes de entrar a clase me doy cuenta que no tenía puestos los pantalones. Me había olvidado de ponérmelos. De todos modos nadie se dio cuenta, con el delantal puesto y un poco de cuidado de mi parte no se notaba.

Para esta época llegó al barrio Antonio Fuente y familia, casa por medio eran vecinos nuestros, digamos que uno de sus hijos es Héctor Manuel, dirigente actualmente del Centro Zamorano de Buenos Aires y primo mío en segunda generación. También llegó a Buenos Aires, procedente de Junquera y vino a vivir con nosotros, el hermano de mamá Manuel Calzón, "Manolo" para todo el mundo, no recuerdo quien llegó primero, mis primos o él, pero eso no tiene importancia. Después hablaré de ellos.

Continuando el relato de los diarios y la escuela, digamos que cuarto grado también lo pasé sin problemas, no digo nada en este caso porque no encuentro algo relevante para contar más allá de algunas llegadas tarde, ¡aunque esto es lo relevante! y se me estaba pasando, cada vez que llegaba tarde, me regañaban y me trataban de "dormilón", tienes que levantarte más temprano y todas esas cosas... yo lo aceptaba sin decir nada... solo un sí señorita voy a tratar de ser puntual, pero no decía nada de lo que hacía antes de ir a la escuela. Me daba vergüenza,... yo pretendía ser igual a todos.

Así llegamos al quinto grado. En este año "tengo bastante tela para cortar" pero no voy a extenderme mucho.

El tío Manolo, no se adaptó a Buenos Aires y se volvió a España, estuvo 2 años más o menos, siempre con nosotros, pero un día se fue. Como ya he dicho, me dejó su bicicleta, la Bianchi, que usaba para ir al trabajo. Yo la acondicioné, le puse un canasto y empecé a hacer el reparto con ella.

Cuando hacía el reparto, un cliente estaba a la vuelta del colegio y dos más a unos 50 metros de él, sobre la Av. De Mayo, por lo que todos los días pasaba por delante, incluso por la entrada, pero muy temprano, alrededor de las 6,45. Ahora veremos por qué esta aclaración.

Ese año no sé qué pasó con el distribuidor de los diarios, creo que cambió de dueño y aquí empezó el problema para mí ya que el horario de llegada comenzó a ser irregular y muchas veces llegaban tarde, con lo cual, lamentablemente yo también llegaba tarde a la escuela y esto se repetía con frecuencia. Pasó a ser seguido los días que llegaba tan tarde que la clase estaba empezada con todos los alumnos en el aula... Se imaginan a mi maestra... me decía de todo menos lindo, me ha llevado a la dirección, (en aquel entonces eso era grave, no sé ahora)... Una reprimenda común era: Cómo es posible que un alumno como tú, con tu capacidad seas tan vago, si continúas así vamos a tomar medidas muy serias y bla... bla... bla etc. , yo como siempre agachaba la cabeza y callaba. Voy a hacer una acotación.

Espero que no se malinterprete, porque fué así y no puedo decirlo de otra forma. Esta maestra era muy buena persona, pero tenía faltas de ortografía y no era muy hábil con las matemáticas.

Así es que en numerosas ocasiones, juro que lo hacía inocentemente; señorita esa palabra no va con "S" va con "C", o señorita eso se saca aplicando la regla de 3 simple y el resultado es 325,74 por citar un ejemplo... Demás está decir que se ponían "verdes" digo se ponían porque también sucedió en otros grados, pero insisto, nunca se me pasó por la cabeza ponerlas en ridículo, lo que pensaba es que era mi obligación advertirles el error. Y se deben haber dado cuenta que era así porque ninguna jamás se me puso en contra o me "aisló" de alguna manera por este motivo.

Volvamos a mis llegadas tarde. Un día los diarios llegaron tan tarde, que cuando pasé por el colegio estimo que eran más de las 7,30, ya había varios chicos que estaban entrando, siempre hay algunos tempraneros y... a que no adivinan a quien me encontré cuando di la vuelta al colegio para entregar el diario al cliente que mencioné que vivía ahí, a la vuelta... ¡sí... a mi maestra!...

Buenos días señorita le dije (estaba a dos metros de mí)... no me contestó,... se quedó con la boca abierta, parada donde estaba, me vio cuando tiraba el diario en un balcón del primer piso (ahí vivía el cliente), yo me alejaba y me daba vuelta de vez en cuando y la veía en el mismo sitio mirando cómo me alejaba...


Bueno, se imaginarán que ese día llegué más tarde que nunca, pero sucede que yo nunca quería faltar y en esa oportunidad bien podía haberlo hecho..., así que mis pensamientos daban para cualquier cosa mientras iba camino a la escuela; se había descubierto al fin lo que venía ocultando durante años.

Lo que sigue es uno de los momentos más emotivos que me han tocado vivir, superado sólo por la parte que le tocó a la maestra. Tengamos en cuenta que durante el año y hasta ese momento me vino "pegando fuerte" por lo que pienso que el sentimiento de culpa que  tendría no sé cómo lo habrá superado.

Veamos que pasó: Cuando entré al aula, estaba pálida y se puso a llorar. Los alumnos no entendían nada y quedaron expectantes, todos sentados viendo un espectáculo inusitado. La maestra se calmó un poco y entre sollozos dijo que todo el mundo se ponga de pie.

Cuando pudo hablar, hizo el comentario de todo lo sucedido... no vale la pena relatar la novela que hizo, digamos solo el final. A todo esto yo ya había perdido el sentido de vergüenza que he mencionado, pero digamos que lo reemplacé por el de tristeza.

Este chico que tenemos delante, compañero de todos ustedes es el mayor ejemplo de virtud que tenemos en la escuela, viene después de realizar un trabajo y a pesar de eso es el más aplicado de la clase, por lo tanto les pido a todos un gran aplauso, es lo menos que se merece y por mi parte te pido perdón por los malos ratos que te hice pasar, pero yo no sabía nada de esto ni podía imaginarlo... nuevamente llanto... muchos aplausos... FIN.
(Parece que era medio especialista en hacer llorar a las maestras...)


(esta transcripción seguirá)

domingo, 25 de agosto de 2013

"Memorias de un emigrante zamorano" - Parte 4

MI INGRESO A PRIMERO SUPERIOR

Primero debo aclarar para quienes no saben y principalmente para los más jóvenes, como era la escala de clasificación en los estudios primarios de esa época.

Los años que se debían cursar eran 7, pero se clasificaban de la siguiente forma: 1º Inferior, 1º Superior, 2º, 3º, 4º, 5º y 6º y se denominaban grados, no años, por ejemplo tercer grado "B", porque podría haber, según la cantidad de alumnos tres o más terceros grados, por lo que en tal caso serían tercero A, tercero B, tercero C y tercero D. La letra identificaba que tercero era.

Este modo de clasificar los grados no me pareció nunca muy lógico, por ejemplo, si cursabas el tercer grado significaba que en realidad estabas en el cuarto año de estudio.

En la actualidad y desde hace años se eliminó el primero superior, como debe ser, y se estableció para Capital Federal la escala más lógica del 1º al 7º grado. En la provincia de Buenos Aires se agregaron dos grados más, también obligatorios que vienen a ser preparatorios de los estudios secundarios.

Este prólogo viene a cuento para poner al tanto al lector de cómo eran las cosas en esos tiempos porque ahora voy a contar el momento que le tocó vivir a mi madre cuando fue a anotarme para el próximo grado, es decir, primero superior.

Estando ya en fecha para inscribir a los niños en el próximo ciclo lectivo, un día mi madre fue hasta la escuela para hacerlo. Se trataba de la nueva escuela, grande, hermosa, con gran capacidad para recibir muchos alumnos, por lo que ya sabíamos que íbamos a estar cómodos en sus modernas instalaciones. Hasta tenía olor a nuevo.

Este relato es de mi madre, yo no estuve presente. Dice que había varios escritorios, cada uno con una fila de madres que iban, como ya he dicho, a inscribir a sus hijos. Cuando le piden los datos míos y dice mi nombre, lo escucha la maestra del escritorio de al lado. No me digas que ese chico te va a tocar a ti... no te imaginas lo que es... que suerte tienes... y un montón de elogios, en fin... que mamá llegó a casa recontenta.

Para hacerla corta diré que ese grado también lo superé con holgura y sin ningún problema, era el año 1950 y como anécdota diré que todos los días se habría el cuaderno con la fecha del día y la frase: 1950, año del Libertador General San Martín. Luego de ello comenzábamos la actividad del día.

ENAMORARSE DE LA MAESTRA...

Al igual que el año anterior, cuando mamá me fue a inscribir para el segundo grado parece que hubo comentarios similares, yo ya era conocido por bastante gente de la escuela. Pienso que mucho tendría que ver mi acento y mi condición de "charlatán" desenfadado. En cuanto al acento ya se notaba poco, me estaba argentinizando a grandes pasos.

Mi maestra se llamaba (espero que se llame todavía; porque era joven...) Carolina Roca y fue el ser más adorable que haya conocido en todos los años de estudiante, primarios y secundarios. Después que ella nació, se rompió el molde... Además era muy linda y estimo que tendría entre 18 y 20 años.

Era tan buena persona y tenía una capacidad para enseñar tan especial que todo el grado, varones y niñas (era mixto) estábamos "enamorados" de ella, entiéndase bien, en el buen sentido.

Miren como sería la cosa, que el "Negro" Lucero (Lucero es el apellido y negro le decíamos cariñosamente) un día tuvo que cambiar de turno, este era de mañana y pasó a la tarde porque tenía que ayudar a su padre en el trabajo.

El padre era hacedor de pozos ciegos. Para quienes no saben, los pozos ciegos se usan en lugares donde no existen cloacas es decir una red sanitaria, y a ellos van a parar las aguas de los baños y cocinas. Esto es muy común aún en la actualidad en muchas localidades.

Pero este trabajo no puede hacerse cuando llueve... y que piensan que sucedía en estos días?... pues el Negro Lucero estaba sentado en su lugar de siempre, sin delantal, solo venía para estar con nosotros, aunque todos sabíamos que el motivo principal era ver a la maestra más que a nosotros.

Siempre lo dejaron pasar, no hubo obstáculos que impidieran su presencia, piensen cuando llueve varios días... pues lo teníamos varios días. El problema era para él, pobre, esos días tenía doble jornada porque tenía que asistir a su clase que era a la tarde.

Ahora viene la relación de la maestra conmigo... Cuando llegábamos a la escuela más o menos 7,45 a 7,55 íbamos directamente al patio que era bien grande con el mástil de la bandera en el medio.

A las 8 en punto sonaba el timbre y a formar. Todos los grados en una fila de menor a mayor estatura; yo sería el 8º al 10º de la fila que en total debería tener entre 30 y 40 alumnos.

En ese momento, antes de cantar Aurora y enarbolar la bandera, todas las maestras se la pasaban recorriendo la fila de su grado de una punta a la otra. La primera vez que pasaba al lado mío, mi maestra, Carolina, se agachaba, ponía su cara al lado de la mía y suavemente me decía: Dame un beso... Alguien se imagina como me sentía yo??... ¡en la gloria naturalmente!. Esto sucedía todos los días. Lo que pasa es que después había que escuchar las cargadas de los compañeros de grado y de otros grados que veían lo sucedido, ehh oreja de la maestra... y otras cosas, algunas subidas de tono...

En ocasiones decidía pasar, una hora, por ejemplo, en una especie de recreo dentro del aula. Cerrábamos bien la puerta y las ventanas y cantábamos; todo el que supiera cantar pasaba al frente y cantaba. En esto se destacaba el "tano" (por italiano), Leopoldo Totera con canciones napolitanas, Pilar Martín, que a pesar de su nombre y apellido era francesa y naturalmente cantaba en francés, arrastraba la "rr" y todo, el Negro Lucero con canciones de nuestro folclore y yo con alguna de las que sabía.

En este asunto del cante, no había como pararlo al tano Totera, se entusiasmaba y quería cantar siempre él.

También hay un episodio medio dramático y muy tierno a la vez conmigo y mi maestra, Carolina. Un día salgo al recreo junto con todos los compañeros del grado y al llegar al patio veo una figurita en el suelo, me agacho para recogerla y desde atrás recibo una tremenda patada en los testículos. Caí al suelo ya desmayado.

Debo decir que había un "juego" muy bruto que le llamaban "el que se agacha la liga" y tiraban una figurita en el suelo. La cosa era levantarla sin que te peguen, había que ser muy rápido. Además en esos años había bastantes analfabetos ya medio adultos, era común ver alguno de 12 ó 13 años en el primer grado y fue justamente uno de estos grandotes el que me pateó. Yo conocía el juego, incluso me prendía en él, pero en ese caso recién pisaba el patio y no me di cuenta de lo que pasaba.

Me desperté viendo la cara de mi maestra que me llevaba, colgando la cabeza y los brazos, y las piernas desde las rodillas, es decir, iba cruzado en los brazos de ella. Alguna de sus lágrimas cayó sobre mi cara ya que la pobre mujer, mejor dicho la pobre chica, porque era muy joven, como ya dije, iba llorando caminando ligero por el pasillo que conducía a la dirección.

Cuando vio que abrí los ojos y que empecé a reponerme, lloraba más compungida, pero ahora esbozaba una sonrisa y me abrazaba. Después de un rato, ambos ya estábamos bien, claro yo con dolores por varios días.

Después de lo expuesto, que es la pura verdad, alguien puede pensar que mis sentimientos hacia ella, como dije en el principio son exagerados? Mientras viva nunca olvidaré un detalle y digo que hay mucho más para contar pero lo vamos a dejar aquí.

Solo voy a agregar que también aquí actué en una fiesta Patria, ahora en el escenario del salón de actos de nuestra nueva escuela, que dicho sea de paso, era un salón que no tenía nada que envidiarle a un teatro de los comerciales.


En esta oportunidad lo hice con varios compañeros del grado, bailamos un carnavalito "El Humauaqueño" y mi compañera de baile fue María Eugenia Arditi Rocha, descendiente de Dardo Rocha el fundador de la capital de la Provincia de Buenos Aires, La Plata. Había que verlo al "galleguito" vestido con ropas típicas del norte argentino...
(este relato continuará) 

viernes, 23 de agosto de 2013

"Memorias de un emigrante zamorano" - Parte 3

1949 COMIENZO LA ESCUELA

En el pasaporte no está muy claro si la llegada al país fue el 18 o el 19 de Mayo de 1948, justo el 8 ó el 9 del sello se lo ve un poco cortado, de cualquier manera yo tenía 6 años cumplidos el 19 de febrero por lo tanto estaba en edad de comenzar las clases, pero bueno, éstas empiezan a principio de Marzo, nosotros llegamos más hacia fines de Mayo y todavía sin lugar de residencia estable.


Recién a principios de 1949, cuando nos mudamos al "rancho" en Villa Adelina, puedo decir que teníamos un domicilio constituido, en la calle Jean Jaurés 3978, se pronuncia yean yoré [sic], pero para nuestros padres y la mayoría de los vecinos era Juan Jaurez, así lo escribían en las cartas y llegaban, se ve que en el correo y el cartero ya sabían de este asunto.


Y bien, en Marzo de 1949, ahora sí, estando todo en condiciones comencé a estudiar el ciclo primario en una vieja y humilde escuelita, que funcionaba sobre la calle Fernández Espiro a media cuadra (50 metros) de la estación Villa Adelina. Digamos que a otros 50 metros, se estaba terminando la escuela Nº 12, un edificio de lo mejor y muy amplia, que se estrenó el año siguiente, por lo que me tocó estar en el fin de una y la inauguración de otra.


Vale la pena acotar que la misma calle pero de la vereda de enfrente se llamaba Los Fortines... Esto era debido a que aquí se dividen los partidos de Vicente López y San Isidro, se ve que en aquel entonces los intendentes no se ponían de acuerdo y cada cual le puso el nombre a su antojo sobre la vereda que le pertenecía a su partido. Hoy y desde hace tiempo la calle citada se llama Paraná en las dos veredas por supuesto.


Empecé la escuela sin saber lo que era un lápiz, comenzamos haciendo "palotes", que así se le llamaba a las rayas verticales diagonales etc. que escribíamosen el espacio de los renglones, evidentemente con la intención de ir dando ductilidad a la mano para la escritura.

Vamos a abreviar porque el tiempo sigue corriendo.


Mi idioma "Argentino" recién empezaba a formarse pero con pocos meses de residente era notable el acento y la pronunciación española, sin embargo esto cayó muy bien entre las maestras, por otro lado mi condición de alumno era muy buena y esto facilitaba aún más las cosas. La cuestión es que sucedió algo insólito como verán.


No tengo presente si fue para el 25 de Mayo o el 9 de Julio, pero sí que era una fiesta patria donde se festeja la libertad conseguida por el pueblo argentino de la conquista de los españoles, por lo que se realiza un acto de concurrencia obligatoria y luego cada grado y de cada año tiene algún representante que actúa, generalmente recitando algún verso alegórico a la fecha que se festeja.


Hete aquí que el primero inferior (el de inicio del estudio) presenta su "artista" elegido (normalmente ponen al mejor alumno) quien sube al escenario y comienza a recitar con su mejor voz "Bombas de estruendo resuenan anunciando la alborada..." (Sigue)... pero... hay algo extraño... el acento de ese niño... tan castizo, parece un español... y vaya si lo era, de pura cepa... me han aplaudido y todo, pero ahí no termina este episodio, cuando bajo del escenario improvisado en el patio, me vienen a saludar maestras, otras personas y una nueva sorpresa, ... pero tienes puestas dos escarapelas... pues sí señorita, tengo la argentina y como yo soy español, también tengo la española, no le parece bien? ... Todo les pareció bien y de hecho también terminó bien.


Pero si bien yo era un chico aplicado, de buen carácter y "manso", si alguien me buscaba era seguro que me iba a encontrar; no iba a ser yo quien iniciara la pelea y seguramente que iba a tratar de evitarla, pero si no quedaba otro remedio... a las castañas. Es que en esta edad y con la relación que se establece con los demás niños se forma una persona en cuanto a carácter y forma de ser; se aprende de todo, también que es lo que está bien y lo que está mal, lo importante es saber diferenciarlo y que "mamemos" lo bueno de la vida de relación sin desconocer lo que nos perjudica o nos perjudicará cuando seamos más grandes.


Vean un episodio, de los varios que tuve que atravesar, en este, mi primer,año "en la selva". Digo así porque recuerden que hasta aquí yo era un niño mimado por todos, recuérdese el relato "CON EL CURA, DON EUSEBIO" y se darán cuenta que nunca había tenido que luchar ni defender mis derechos.

El comentario que voy a hacer es así: Resulta que en el medio del patio de la escuelita había un bebedero de agua, esos que sale un chorro de agua del centro hasta unos 10 ó 15 cm de altura y es usado por los alumnos cuando tienen sed.


Pues había un chico bastante corpulento que no sé a qué grado iría pero la cosa es que un día se le ocurrió hacerse el "dueño" del bebedero, por consiguiente solo podía tomar agua el que él quería. Por supuesto los que él les permitía tomar agua eran más grandes que él... Así las cosas, cualquiera que se arrimara a beber lo sacaba con cajas destempladas y le advertía que si volvía le iba a dar unas cuantas trompadas, porque, aquí toma agua el que a mi se me da la gana, y todo eso. Realmente a los más chicos nos infundía miedo, pensemos que era el primer grado y quien más quien menos éramos inocentes que no estábamos acostumbrados a estas cosas.


Pero pronto se aprende,... un día tomé coraje, tenía sed, así que me acerqué para beber agua; por supuesto se puso delante de mí amenazante... tomátelas de aquí porque te meto una trompada que te rompo la cara... Mi respuesta fue un violento cross de derecha directo al medio de la nariz que lo revolcó por el piso... Anonadado, se levantó tomándose la cara con las dos manos (semejante golpe en la nariz duele de veras) se mira el guardapolvo lleno de sangre, que salía de las dos fosas nasales en abundancia y el muy malevo... se pone a llorar desconsoladamente. Se acabó el guapo para todo el año.


De allí, fuimos los dos a la dirección, a él lo pusieron a un costado para curarlo y a mí me han reprendido (pero no mucho...), lo que pasa es que él ya tenía un "prontuario" como chico con problemas de conducta y yo todo lo contrario, por lo tanto todo el asunto no pasó de una reprimenda para ambos.


Luego de este "debut" tuve otras peleas pero sin consecuencias, realmente eran cosas de chicos.


Así transcurrió mi primer ciclo lectivo en la escuelita, yo la pasé muy bien, tan bien, que me gustaba de verdad ir a estudiar, en realidad lo tomaba como un juego divertido que duraba 4 horas.


Hasta aquí, el relato pareciera indicar que todo en mí era alegría, que no tenía consecuencias el desarraigo, que era un chico feliz a quien nada de esto lo hubiera afectado.


Nada más alejado de la verdad... Todas las noches soñaba con mi pueblo, con Don Eusebio, Dolores, los abuelos y todos los afectos que tenía y que estaban plenamente vigentes en mi memoria y mis sentimientos.


Muchas veces despertaba de noche y por un momento me parecía que estábamos allí, que habíamos vuelto, en la oscuridad la imaginación vuela aún estando despierto... pero pronto caía en la cruda realidad y las lágrimas corrían por mis mejillas y había de llorar en silencio para no despertar a nadie... Luego, a la mañana me levantaba triste, pero sacaba fuerzas de no sé donde, me sobreponía a todos los recuerdos y trataba con bastante eficacia ser lo más parecido posible a lo que era... Esto que cuento me sucedió durante muchos años...
(continuaremos con estos relatos)