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jueves, 4 de julio de 2019

Los Marchezotti

Luis Roberto, Carlos Francisco, Raúl 
y Don Carlos Marchezotti

Con el mismo tono cordial de todas las entrevistas, la señora María Teresa Marchezotti, nos habla de sus antepasados, en su cálida casa de Pedernera al 2300, casi esquina Paraná de nuestra Villa, junto a sus hijos Mariana, Luis y Alejandro Deutsch.




María Teresa es única hija de Luis Roberto Marchezotti, nacido el 10 de octubre de 1917 y muerto el 2 de octubre de 1998, y de María Teresa Sarotti, llamada Teni en el nucleo familiar, que nació en Munro el 11 de Febrero de 1918 y falleció el 17 de noviembre de 2002.

Su padre tuvo tres hermanos: Carlos Francisco que nació en San lsidro y no tuvo hijos, Maria Elena, madre de Clara Natalina, y Raúl que falleció a los 25 años.

Sus abuelos fueron Francisco, a quien todos conocían como Don Carlos (por su hermano que murió siendo muy jovencito), nacido en Génova en 1877 y murió en 1957, y Catalina Clara Matteri.

Cuando nos ocupamos de estas familias, pioneras de Villa Adelina, tendemos a reunir nombres y apellidos, y aunque los tratamos en distintos capítulos, una y otra vez dudamos en cuál de ellos deberíamos ubicar a las personas de quien tratamos. 

Carlos Francisco (el primero de sus tíos), fue propietario de la carnicería de Paraná y Avenida de Mayo, en el ángulo agudo de la llamada "manzana de Marchezotti" trente a la estación ferroviaria, que se llamó "La Luchadora" y que durante muchos años tuvo como inquilino a Daniel Martiniano Pardo, de quién nos ocupamos en otro lugar de estos apuntes.



Es de recordar que en la quinta de Marchezotti se hacian cultivos de verduras para consumo familiar. Su padre fue el último propietario de la misma, que estaba limitada por las calles Joaquín V. Gonzalez, Miguel Cané, Los Fortines y Paraná, ninguna de ellas abierta al tránsito.

Cuando Luis Roberto tiene 23 años se enferma y se dedica un tiempo al negocio de la carne y luego a la floricultura, en las cuatro manzanas, que mantuvo hasta la década de 1970. Esta actividad poco a poco fue desapareciendo por los loteos y progresiva construcción de viviendas familiares, trasladándose a las localidades de Garin, General Pacheco y finalmente a Escobar.

Las calles Pedernera, El Resero y El Indio no existían como tales. Sólo estaban pavimentadas Yerbal y Virrey Vértiz por las cuales se accedía a la localidad de Boulogne. 

La cordialidad de la señora María Teresa, nos invita a visitar la vieja casa familiar que fuera construida por su abuelo Don Carlos y habitada luego por sus padres y ella misma.






Recorremos la amplitud del terreno y seguimos como una buena guía, la nota de Oscar Edelstein, aparecida en Ponele la firma, Año I, N° l, de la primera quincena de abril de 1999, de Munro.

En fotografías tomadas en la oportunidad consignamos palabras de Edelstein y señalamos: la galería, la enorme pajarera vacía, la enredadera que envuelve la torre del molino de viento, las relaciones de afecto de nuestra guía Teresita con su abuelo, los enormes secretos del pasado, que en su casa guardaba Teni -su mamá-, los antiguos muebles, la radio a galena o la cocina económica.




Miguel A. Lafuente
Secretario JEHVA (Junta de Estudios Históricos de Villa Adelina)

lunes, 1 de julio de 2019

Los Abriata en Villa Adelina

Antes de la llegada del ferrocarril (el Central Córdoba Extensión a Buenos Aires) lo que actualmente se conoce como Boulogne y Villa Adelina, eran llamadas respectivamente como las Lomas de San Isidro y los Altos de Martínez. No tenían nombre propio, salvo la mención del paraje conocido como La Adelina, nombrada por lo menos desde mitad del siglo XIX en varios documentos históricos, encontrándose escrituras con esa denominación y documentos con la firma de Rivadavia (según la hipótesis del profesor Ramón Miranda)

(Nota: el profesor Miranda, fallecido, fue Miembro de Número del Instituto Histórico Municipal de San Isidro).

La última de las grandes extensiones dedicadas al cultivo de la verdura, que sobrevivió durante el siglo XX, es la que iniciara hacia 1908 el inmigrante Guillermo José María Abriata, su mujer Anna María Gobello y los doce hijos de la pareja.



Primer plano, de izquierda a derecha:
Magdalena: casada con Roque Leo, tuvieron 5 hijos: Horacio, Isabel, María Esther y Luis.
Dolores: casada con Arturo Spedaletti (primer peluquero de Villa Adelina, maestro en el arte del esterillado y uno de los fundadores del Club CASVA). Estos son padres de Roberto, Ricardo e Ilda Elda.
Paula: casada con Nilsson, tuvieron 3 hijos: Dora, "Titi" y "Cochengo" (nombres familiares).
Rosa: casada con A. Gallegos, tuvieron 2 hijos: Juan Carlos y Nelly.
Francisca: casada con Ambrosio Cámara, son padres de 4 hijos: Juan, Rita, María, Domingo (Ningola con horno de ladrillos) y Pipo (primer servicio fúnebre de Villa Adelina).
María Luisa: casada con Ciro Maggiolini.


En el medio, sentados:
Anna María Gobello, (murió el 5 de febrero de 1921) y Guillermo José María Abriata, nacido en Sezzadio, pueblo que se encuentra en la región del Piamonte, Provincia de Alejandría, el 15 de abril de 1859 (según partida de nacimiento y bautismo, que obra en nuestro poder). Emma María también es oriunda de Sezzadio. Guillermo José María murió el 21 de junio de 1931, según el acta número 17 del Registro Civil de Boulogne.

En segundo plano, los seis hijos varones:
Francisco: casado con Gervasia Cruz, vivían en Uriarte y Sarratea de Boulogne.
Juan Alejandro: casado con Francisca Angeleri, con 4 hijos: Eduardo; Telma, casada con Francisco Pérez (primera fábrica de calzados en Boulogne); Hugo Oscar (con verdulería en Independencia y Thames, con tres hijos: Patricia, Dario y Hugo), y Susana Beatriz (Titina) casada con Norberto Testorelli en 1936, padres de Miriam, Fabián y Gladys.
Pablo: casado con Margarita Capino, tuvieron 4 hijos: Pablo, Oscar, Raúl y Carlos. Pablo fue el dueño de los cines de Boulogne y una calle lleva su nombre.
José Luis: casado con Luisa Ursulina Angeleri, con tres hijos Alfredo, Celia y Clara (casada con Gino Morelli). José Luis Abriata es padre de Alfredo Aníbal, quien sería la persona a la que se refiere la señora Mónica Liliana Pastorini en su nota sobre "La quinta de los Abriata" publicada ayer. Asimismo, José Luis es el suegro de la señora Irma Isolina Remotti, Pirocha.
Pascual Felipe (soltero).
Santiago Antonio: casado con Serafina Tidoni, con 3 hijos: José Gregorio, Enrique y Ángel.
 
 
Según los archivos históricos, entonces en el Museo Pueyrredón, la quinta se puso en venta en 1908 y tenía una superficie de "treinta y un hectáreas, diez y seis áreas y cuarenta y siete centiáreas". Su dueño era Eliseo Cantón, que mandó publicar avisos para promocionar la propiedad y donde decía que la próxima estación del F.C.C.C. pasaría a metros del lugar.

Los límites de la quinta eran las actuales calles Gorriti, lindante con la propiedad de don Avelino Rolón, que después de su muerte fue donada a la "Escuela Hogar Carlos de Arenaza"; Yerbal, con las tierras recién compradas por el Ferrocarril C.C.; Colombres, con los Rebagliati -actual fábrica Orbis- y Lamadrid, con las tierras de los Hnos. Cantón (ver en el plano).
Cuando la propiedad se puso en venta y a punto de ser fraccionadas, apareció Guillermo J. M. Abriata, que sin un peso, pero con una gran amistad personal con don Agustín Repetto, el más poderoso caudillo radical de entonces, le otorgó un préstamo, sin documentos, pero con el compromiso de pagarle, cuando sus tierras estuvieran produciendo. El inmigrante era hombre de palabra, analfabeto y muy inteligente.


 Anna María Gobello y Guillermo José María Abriata

La vieja casona ya tenía su pasado. Fue construida a la usanza de los cascos de estancias de los siglos XVIII y XIX, su diseño interior del tipo chorizo, es decir, habitaciones conectadas a través de puertas con dos hojas, dando a una galería común, cada habitación con su vestidor y un sótano que se usaba como bodega, así como los ladrillos de tipo colonial, mosaicos y tejas importados de Francia. Habría sido hecha no antes de la mitad del siglo XIX. No hay documentos que avalen la antigüedad de la casa, como tampoco lo hay -por el año de referencia- a ninguna de aquella época: la del actual Museo Pueyrredón y el viejo edificio municipal de San Isidro, que es de 1872.

El domingo 12 de julio de 1908, don Guillermo Abriata y su mujer Anna María Gobello, no tuvieron otra alternativa. Habían abandonado el ranchito que tenían en terrenos del ferrocarril  inglés y con unos buenos pesos que les dio Diego Carman, el administrador del Ferrocarril C.C. en compensación por sacarlos del lugar, decidieron comprarse "algo". 

Vecinita de Mónica Pastorini 
Al fondo, la casa de los Abriata
Don Abriata, ya era un gringo totalmente acriollado, pero con todas las costumbres de su Piamonte natal en cada una de sus maneras. Recto como buen gaucho, incansable trabajador de la tierra como inmigrante hambriento y con deseos de un lugar propio que la Europa le negara, analfabeto como la mayoría de la gente de entonces, el remate de ese día era la oportunidad de su vida.
Venían de Anchorena y el cambio de siglo lo habían pasado en el rancho donde con algunos de sus hijos mayores, plantaban verdura de todo tipo. No más de una veintena de agricultores y horneros formaban la población. La mayoría arrendaba su pedazo de tierra a minifundistas que venían de vez en cuando a cobrar su renta, pero que paseaban su fortuna y vivían en el pueblo, esto es en San Isidro devoto y sitio de descanso de fin de semana de damas y damitas porteñas. En esa situación estaban los Cantón y Avelino Rolón, quienes años después serían sus vecinos. A los verdaderos dueños de la tierra muy pocas veces se les veían las caras.

La de los Abriata llegó a ser la más dinámica y rica quinta de San Isidro, y la última en desaparecer en 1978. Esta pequeña empresa agrícola arrancó con media manzana, y don Guillermo fue tan empeñoso con sus manos como rápido con la cabeza para los negocios. Tuvo visionariamente la certidumbre de que ese lugar algún día gozaría de progreso. A los pocos años de instalarse, la tierra le resultó escasa. Como los dueños de la tierra aledañas no las ocuparon, quedaron libradas a su suerte, y el labriego -con sus doce hijos- tomó posesión de las mismas.

El tren, promesa de los rematadores, no apareció por ninguna parte. Los años pasaron y los que prometieron pagar en mensualidades, abonaron las primeras cuotas y ante la falta de noticias de progreso y del ferrocarril, no pagaron más.

Don Guillermo siguió labrando la tierra y mientras no hubiera reclamos, ocupó las 31 hectáreas originales, que limitan con las actuales: Gorriti, Lamadrid, Colombres y Yerbal.

Cuando finalmente apareció el ferrocarril, también se presentaron los primeros reclamos. Pero todo lo arregló pacíficamente y aquellos reclamantes recibieron lo suyo.

En los años cincuenta se llegaron a cultivar hasta 70 mil plantas de tomates por año y toneladas de papas, zapallitos, hinojos, melones, sandías, que llegaron regularmente a abastecer a las mesas capitalinas.

Don Guillermo fue precavido con sus ahorros, ya que dejó a sus herederos una gran cantidad de terrenos, muy bien ubicados en lugares cercanos a las estaciones Boulogne y Villa Adelina.
Junto a la desaparición física de los Abriata (Ana María murió en 1921 y Guillermo en 1931) que trabajaron la tierra con sus manos, la irrupción de las casas que fueron cercando a los campos y el mal negocio que resultaba la producción de verduras, ayudó para que la Quinta de los Abriata cayera, bajo el peso de los nuevos vecinos y de los nuevos tiempos.

Atrás quedaron las ceremoniosas fiestas donde toda la vecindad, agricultores y ferroviarios recién llegados, disfrutaron de aquellas largas tertulias, que se cortaban con el "se acabó el baile" cuando el sueño empezaba a cercarlo a don Guillermo.

(Nota: se tomaron algunas referencias para este texto del periódico Pueblo Chico, de mayo de 1993).

Exposición de la Junta de Estudios Históricos de Villa Adelina en la IV Jornada de Historia de El Talar, el 24 de octubre de 2009, y la XI Jornada Histórico-Geográfica de Tres de Febrero, el 31 de octubre de 2009.

Miguel A. Lafuente
Secretario JEHVA (Junta de Estudios Históricos de Villa Adelina)

lunes, 9 de diciembre de 2013

Médico de pueblo, eminencia nacional


El doctor Julio Alberto Ghersi nació en la ciudad de Buenos Aires, el 28 de agosto de 1908. Su madre fue Rafaela Oliva que murió en 1943, a los 63 años. Su padre fue Juan Ghersi, uruguayo, que falleció en agosto de 1969 cuando había traspuesto los 100 años de edad. La tía soltera, Sofía Ghersi, fue la que prácticamente lo crió y a ella agradecía el recibirse de médico y adquirir el hábito de la buena música por su frecuente concurrencia al Teatro Colón.

Se graduó en 1934 con Diploma de Honor en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Poco después doña Rosa Fernández, una señora española amiga de su familia, le recomendó conocer Villa Adelina. El flamante médico tomó el tren y visito a este pueblo de calles de tierra y vecinos muy humildes. Alquilo una casita, "La Ñaña" en la calle Caxaraville a dos cuadras de la actual Paraná y luego otra en Los Fortines 2831.

Se casó con la obstetra Soledad Martín (nacida el 11-11-1912 y fallecida el 4-3-1962), diplomada en la Facultad de Medicina de la ciudad capital y con quien compartió el consultorio de Los Fortines y Guayaquil, todos los días, el Dr. Ghersi de 16 a 18 y su esposa de 14 a 16. De esa unión nacieron Martha Sofía en 1938 que luego será farmacéutica y Silvia Haydée en 1946, después odontóloga como su tía Aurora Martín.

Su familia recuerda con simpatía que el primer paciente del Dr. Ghersi en Villa Adelina fue una vecina portuguesa y el enfermo un gallo con moquillo. Así como otro episodio en que el joven médico debió atender a una vecina en su humilde rancho ubicado a orillas de la laguna (la islita). Le receto unos sellos para curar la gripe y por falta de recursos, sobre una mesa le dejo diez pesos no sólo para la medicación sino para procurarse algunos alimentos.

Algunos años después se estaba construyendo su casa que también tendría el consultorio, con unos albañiles poco hábiles ya que le estaban dejando secar el cemento, lo que lo enfureció, pero medió como componedor del incidente el esposo de la señora que trato en el modesto rancho de la laguna. También recuerdan que algunas visitas domiciliarias debía hacerlas con botas de lechero, otras veces en una bicicleta que le prestaba el nombrado Arturo Spedaletti, o a pie o en su auto cuando el estado de las calles lo permitía.

El periodico "Mercurio de Villa Adelina" de la 2da. quincena de junio de 1957, dice: "El pasado miércoles partió desde el Aeropuerto de Ezeiza con destino a los EU y Europa, el destacado profesional doctor Julio A. Ghersi. El conocido neurocirujano que viaja en representación de nuestro país se propone asistir a diversos congresos de su especialidad, que tendrán lugar en el país del Norte y Bélgica. El prestigio del Dr. Ghersi ha trascendido los límites de nuestro país, considerándosele un perito en el campo de la neurocirugía. El viaje de estudio abarcara numerosos países del Viejo Mundo e insumirá alrededor de tres meses".

En la edición de la 1ra. quincena de julio de ese año, el "Mercurio" informa:
"El pasado 22 partieron rumbo a Europa, a bordo del Conte Biancamano, la doctora Soledad M. de Ghersi y su señorita hija Martha S. Es propósito de los viajeros reunirse con el Dr. Julio A. Ghersi que ya se encuentra en el Viejo Mundo por cuestiones profesionales y cuyo viaje señalamos en su oportunidad".



El 8 de marzo de 1971 (que es el Día Internacional de la Mujer) el Doctor Ghersi se casó con María Luisa Calmels, nacida el 7 de Agosto de 1932 en Quehué (que significa el "Lugar central"), La Pampa. Su padre fue Juan Bautista, vasco francés, artesano en herrería artística que murió en 1943. Su madre Piedad Antonia Romero, fallecida en 1935. Esta era hija de Nazario Romero que en 1886 realizó el primer asentamiento poblacional y construyó el casco de una estancia junto a un caldén centenario. Un historiador lugareño afirma que Nazario fue el fundador de esa localidad el 7 de noviembre de 1896.

La señora María Luisa viajó a Buenos Aires a casa de una prima en 1943. Estudio enfermería en la Cruz Roja Argentina y se recibió en 1955. Lo conoció al Dr. Ghersi en el Servicio de Neurocirugía del Hospital Naval de Buenos Aires, del Instituto de Cirugía de Haedo y en el Pirovano, Fue su alumna, instrumentadora, secretaria y Enfermera Jefa del Servicio de Neuropsiquiatría.

Resumiendo:

* El 12-12-1991 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.



- El 4-7-1991 Huésped de Honor del Partido de San lsidro.
- Fundador del Servicio de Neurocirugía "Manuel Balado" del Instituto de Cirugía "Luis Güemes" de Haedo, provincia de Buenos Aires. (El doctor Balado fue fundador y Primer Profesor de la Catedra de Neurocirugía y maestro del Dr. Ghersi).
- Fundador del Servicio de Neurocirugía del Hospital Municipal Dr. Ignacio Pirovano, donde hay un aula que lleva su nombre.
- Consultor y fundador de Neurocirugía del Hospital Naval.
- Fundador de Escuelas de especialización en Enfermería Neuroquirúrgicas de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires y Cruz Roja Argentina.
- Presidente de varias Sociedades de Neurocirugía del país y el extranjero.
- Organizo cursos para médicos de la especialidad en el país y el exterior.
- Obtuvo premios de investigaciones en trabajos por la Academia Nacional de Medicina y la Asociación Médica Argentina.
- Miembro co-fundador del Colegio Argentino de Neurocirugía.
- Miembro co-fundador y varias veces Presidente de la Sociedad Argentina de Neurocirugía de la Provincia de Buenos Aires.
- Miembro Honorario Nacional del Forum Neurólogico.
- Fue autor y coautor de más de 300 trabajos de la especialidad.


Le fue dedicado el primer y único museo de Sitio de Instrumental inventado por él y libros de neurocirugía, que funciona en el Hospital Interzonal de Agudos de la provincia de Buenos Aires en Haedo.

Al jubilarse después de sesenta años de médico y más de 25 de profesor adjunto y titular, se hizo merecedor al título de Profesor Extraordinario Emérito de la Universidad de Buenos Aires.

El doctor Julio Alberto Ghersi falleció el 27 de marzo de 1997, a los 88 años de prolífica vida. Uno de sus alumnos dijo entonces "murió un luchador, un hombre que en su plenitud no supo de debilidades, de cansancio ni de pesimismos".

Tiempo antes de su muerte respondió preguntas de un periodista diciendo que sus días los pasaba estudiando, recibiendo consultas y dando consejos, poniéndose al día con la invalorable ayuda de su esposa.

Miguel A. Lafuente

domingo, 20 de octubre de 2013

Vecinos de mi barrio

Nélida Olga Langenechin-Miguel Bueno
 
Visitamos la casa de Paraná al 6700 casi llegando a Fray Cayetano Rodríguez y somos atendidos por el matrimonio de Nélida Olga Langenechin (deformación del apellido alemán Langhenein) y Miguel Bueno.
 
Nélida (que nació en 1934), nos relata que se mudó a esta casa en 1949, que estaba construida en el año 1939 y era de Marcos Ostigiansky. Por aquel entonces su casa era la única de la cuadra, el resto eran tierras de quintas o lotes baldíos. Toda esta zona originalmente fue propiedad de Bernardo Ader, Nélida tuvo un local frente a la actual vivienda, dedicado a la venta de ropa para niños.
Su padre fue Guillermo Langenechin, nacido en Colonia Vélaz, en la provincia de Buenos Aires que llegó a Villa Adelina procedente de Pérez Millán (Prov. De Bs.As.) adonde trabajó como ferroviario desde 1920. Trasladado por el Ferrocarril Central Córdoba a Buenos Aires, se desempeñó en Boulogne y luego como auxiliar de primera en la estación Villa Adelina. Aquí tuvo como compañero, entre otros, a Domingo Santieusanio, padre de Osvaldo Ramos que fue cantor de tangos en varios conjuntos orquestales, siendo el último de ellos la orquesta de Juan D'Arienzo.
 

Diplomados - Nélida (Pocha) y, entre otros, Alberto Caputo (Chichí)
Nuestro vecino Miguel Bueno, nació en la localidad pampeana de Speluzzi, Departamento de General Pico, el 12 de junio de 1928. Su padre fue Rodrigo Bueno, fallecido en 1954, a los 64 años, era español de Aragón. Su madre Florinda Leranoz, fallecida en 1982 a los 86 años.


En 1941 vivieron en el barrio de Agronomía (Capital Federal). Se casó con Nélida el 19 de setiembre de 1953 y son padres de Graciela y Adriana.
 

La familia Langenechin-Bueno en el festejo del cumpleaños de Miguel
Miguel es humorista, en una línea de fino humor, quizás semejante al de Juan Verdaguer u otros de ese  estilo. En tal carácter participó en el programa "Finalísima" en 1988, en 1997 con Julio Lagos en "De broma en broma".  Es tío-abuelo del cantante cuartetero "Rodrigo".



 

 

Miguel Bueno nos menciona que en oportunidad que su ciudad natal, Speluzzi, cumplió los 100 años el 11 noviembre de 2007, editó un libro de excelente calidad, con 200 páginas de papel satinado y tapas donde registró  el origen del nombre, la historia de la localidad y pequeñas biografías de sus vecinos desde los tiempos de la fundación. Es un ejemplo que le parece digno de imitarse, teniendo en cuenta además que en aquella oportunidad su población era de 258 habitantes. 
 
Miguel Ángel Lafuente. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

El Chiche

Relato de Enrique Daniel Álvarez

Desde pequeño viví en Villa Adelina, cuando las calles entre Yerbal y Fondo de la Legua eran de tierra y había también, muchos terrenos baldíos. Recuerdo que a mi papá le gustaban los animales y las plantas, dada su inclinación por la Agronomía. Carrera que se vio frustrada por el mandato de la familia, donde la mayoría de los integrantes eran docentes. Con el tiempo logró conjugar trabajo (nunca ejerció como docente) y vocación, entonces teníamos gallinas, pollitos, gallo. Quinta con frutales, una cotorra, un jilguerito y un perro: Rabito.

En aquellos años de infancia sobre la calle Lamadrid, donde se corta la calle Los Plátanos, y justo enfrente de la entonces vieja casa que alguna vez albergó a la Escuela 12, hubo una carbonería. La misma era atendida por sus dueños, un matrimonio que tenía dos hijas. Estaba en la planta baja de la misma casa de alto que podemos ver hoy día.

El negocio comenzaba con su actividad todos los días, bien temprano, a las 8. A esa hora se levantaban las cortinas, se sacaba llave a la puerta y el dueño, Don Domingo Iommi (nacido en Laboulaye, provincia de Córdoba, en Julio de 1914), abría el portón de caño y alambre tejido, empujaba el portón corredizo del establo y ahí con la primera luz de la mañana disponía los atalajes de quien sería su fiel compañero durante la jornada de trabajo que estaba comenzando. Una vez todo listo se cargaba el carro: fardos de alfalfa, bolsas de cereales y demás.

El último mate (el del estribo), beso y arriba del carro. Recuerdo que Don Domingo tensaba un poquito las riendas, hacía dos ó tres veces un sonido parecido a un beso en el aire y agitaba brevemente las riendas. El caballo reaccionaba tensando sus músculos y se balanceaba hacia delante como buscando el peso que debía arrastrar, cuando se sentía firme en el suelo bajaba su cabeza un poco, un breve empujón, las ruedas hacían un leve movimiento y ahí salían los dos al pasito, a repartir la mercancía.

Marcela Sidera (nacida en Le Marche, Italia, en Octubre de 1923) la esposa de Don Domingo, se ocupaba del negocio mientras su esposo hacía el reparto.



Se entraba al local y a la izquierda estaba el mostrador, con la balanza de un lado y del otro, el exhibidor de las pomadas para los zapatos. Apoyadas en el suelo y recostadas en el mostrador, estaban las bolsas de los alimentos. Había avena arrollada, maíz entero y partido, pisingallo, trigo con cáscara. Mijo, alpiste, “mezcla para canarios”. También alimentos balanceados para “ponedoras”, “mezcla” y “pollito bebé”.

Atrás estaba la estantería, en un sector había “alpargatas”, hormiguicidas, acaroína. En otro, fluido para los caballos, mechas para las lámparas de kerosén y cepillos. A la derecha de las bolsas estaban las escobas y los escobillones. En el centro del local estaba la báscula donde se pesaban las bolsas que se compraban y vendían (y donde nosotros los chicos del barrio también nos pesábamos). Al fondo del local estaban las bolsas de papas blancas y negras, el carbón, bolsas de granos y en un costado el tambor del kerosén, que se vendía suelto.

La distancia que separaba nuestras casas era de cuatro terrenos, que en esos años estaban desocupados, así que desde el alambrado del fondo de casa podía ver hasta el fondo de la casa de ellos.

Mis padres no sólo tenían buena relación con ellos por lo comercial. Sucedió que una vez habíamos salido y el perrito que teníamos (Rabito, porque era rabón de nacimiento) se quiso escapar, algo que sabía hacer muy bien, nada más que esta vez saltó por una de las rejas quedando en el aire… Cuando Domingo oyó los gritos desesperados del animalito miró hacia casa y lo vió en esa situación. Fue hasta allá, abrió la puerta de calle, entró y sacó al pobre bicho del casi fatal apriete, un gran gesto.



Cuando llegaba el mediodía volvían caballo y dueño. El dueño con la patrona almorzaban arriba. El caballo en su establo disfrutaba de la alfalfa. Los dos se habían ganado la comida y el breve descanso.

Luego de la siesta el trabajo era distinto, había que ir a comprar mercadería que a veces era para varios días. Así que muchas veces el esfuerzo era grande. El animal traía bolsas y fardos esta vez con la cabeza un poco inclinada hacia abajo, estaba haciendo fuerza. Pero no era sólo llegar, había que descargar y acomodar. Recuerdo que mientras Don Domingo completaba su labor, el fornido compañero a veces miraba hacia atrás como diciendo: ¿ya está?

Con todo acomodado se volvía a abrir el portón, entraban juntos, y a desatar al blanco amigo. Palmazo en el anca y a correr por los terrenos. El recorrido era pegado a los alambres tejidos, veloz, casi frenético. Daba como tres ó cuatro vueltas. Tiraba coces al aire, se paraba en dos patas, daba pasitos, relinchaba, se revolcaba panza arriba. Esa era su manifestación por haber terminado con su jornada de trabajo: con alegría. Luego venía el baño y a guardarse en el establo para el pienso de la noche.

Pasó el tiempo, un personaje de este relato partió allá por 1986, otro se escapó y a otro lo tomaron prestado sin avisar y sin permiso. Cosas que suceden.

Cada tanto mi nieto Leandro pide ir a ver a la bisabuela, así que vuelvo al barrio seguido. Charlo con los vecinos y casi siempre puedo cruzar algunas palabras con Marcela recordando esos tiempos que pasaron tan rápido.

Y entre recuerdo y recuerdo a veces me dice: “¿Te acordás cuando Mingo soltaba al Chiche?”

Enrique Daniel Álvarez
edalvareztcc@yahoo.com.ar

Miguel Lafuente 
En la página 605 de "Villa Adelina, una historia lineal" dice: Marcela Sidera es hija de José Sidera (nacido el 29 de mayo de 1900) y de Elena A. Tombesi, (nacida el 14 de mayo de 1899) que era hija de Antonio Tombesi. Marcela tuvo tres hermanos: 1º Nélida, nacida el 21 de setiembre de 1922, casada con Omar Moschiar en diciembre de 1936 y son padres de José y Haydée, 2º Marcela Nazarena, nació el 8 de mayo de 1928, casada con Oscar Cecé, padres de Héctor y Juanita. 3º Elena, nacida en 1931, casada con Romeo Fabi. Marcela es la tercera hija del matrimonio Sidera-Tombesi y fue durante 4 años operaria de "Lozadur", donde ingresó a los 14 años. Recuerda que en la Fábrica no existían relojes y las jornadas eran agotadoras, y muy duras las exigencias. Fue compañera de Nilda Delia Cedro, la esposa de Umberto Maggiolini, hijo de María Mirta Abriata.

Gracias a Enrique D. Álvarez y Miguel Ángel Lafuente