Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Julio A. Ghersi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dr. Julio A. Ghersi. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de diciembre de 2013

Médico de pueblo, eminencia nacional


El doctor Julio Alberto Ghersi nació en la ciudad de Buenos Aires, el 28 de agosto de 1908. Su madre fue Rafaela Oliva que murió en 1943, a los 63 años. Su padre fue Juan Ghersi, uruguayo, que falleció en agosto de 1969 cuando había traspuesto los 100 años de edad. La tía soltera, Sofía Ghersi, fue la que prácticamente lo crió y a ella agradecía el recibirse de médico y adquirir el hábito de la buena música por su frecuente concurrencia al Teatro Colón.

Se graduó en 1934 con Diploma de Honor en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Poco después doña Rosa Fernández, una señora española amiga de su familia, le recomendó conocer Villa Adelina. El flamante médico tomó el tren y visito a este pueblo de calles de tierra y vecinos muy humildes. Alquilo una casita, "La Ñaña" en la calle Caxaraville a dos cuadras de la actual Paraná y luego otra en Los Fortines 2831.

Se casó con la obstetra Soledad Martín (nacida el 11-11-1912 y fallecida el 4-3-1962), diplomada en la Facultad de Medicina de la ciudad capital y con quien compartió el consultorio de Los Fortines y Guayaquil, todos los días, el Dr. Ghersi de 16 a 18 y su esposa de 14 a 16. De esa unión nacieron Martha Sofía en 1938 que luego será farmacéutica y Silvia Haydée en 1946, después odontóloga como su tía Aurora Martín.

Su familia recuerda con simpatía que el primer paciente del Dr. Ghersi en Villa Adelina fue una vecina portuguesa y el enfermo un gallo con moquillo. Así como otro episodio en que el joven médico debió atender a una vecina en su humilde rancho ubicado a orillas de la laguna (la islita). Le receto unos sellos para curar la gripe y por falta de recursos, sobre una mesa le dejo diez pesos no sólo para la medicación sino para procurarse algunos alimentos.

Algunos años después se estaba construyendo su casa que también tendría el consultorio, con unos albañiles poco hábiles ya que le estaban dejando secar el cemento, lo que lo enfureció, pero medió como componedor del incidente el esposo de la señora que trato en el modesto rancho de la laguna. También recuerdan que algunas visitas domiciliarias debía hacerlas con botas de lechero, otras veces en una bicicleta que le prestaba el nombrado Arturo Spedaletti, o a pie o en su auto cuando el estado de las calles lo permitía.

El periodico "Mercurio de Villa Adelina" de la 2da. quincena de junio de 1957, dice: "El pasado miércoles partió desde el Aeropuerto de Ezeiza con destino a los EU y Europa, el destacado profesional doctor Julio A. Ghersi. El conocido neurocirujano que viaja en representación de nuestro país se propone asistir a diversos congresos de su especialidad, que tendrán lugar en el país del Norte y Bélgica. El prestigio del Dr. Ghersi ha trascendido los límites de nuestro país, considerándosele un perito en el campo de la neurocirugía. El viaje de estudio abarcara numerosos países del Viejo Mundo e insumirá alrededor de tres meses".

En la edición de la 1ra. quincena de julio de ese año, el "Mercurio" informa:
"El pasado 22 partieron rumbo a Europa, a bordo del Conte Biancamano, la doctora Soledad M. de Ghersi y su señorita hija Martha S. Es propósito de los viajeros reunirse con el Dr. Julio A. Ghersi que ya se encuentra en el Viejo Mundo por cuestiones profesionales y cuyo viaje señalamos en su oportunidad".



El 8 de marzo de 1971 (que es el Día Internacional de la Mujer) el Doctor Ghersi se casó con María Luisa Calmels, nacida el 7 de Agosto de 1932 en Quehué (que significa el "Lugar central"), La Pampa. Su padre fue Juan Bautista, vasco francés, artesano en herrería artística que murió en 1943. Su madre Piedad Antonia Romero, fallecida en 1935. Esta era hija de Nazario Romero que en 1886 realizó el primer asentamiento poblacional y construyó el casco de una estancia junto a un caldén centenario. Un historiador lugareño afirma que Nazario fue el fundador de esa localidad el 7 de noviembre de 1896.

La señora María Luisa viajó a Buenos Aires a casa de una prima en 1943. Estudio enfermería en la Cruz Roja Argentina y se recibió en 1955. Lo conoció al Dr. Ghersi en el Servicio de Neurocirugía del Hospital Naval de Buenos Aires, del Instituto de Cirugía de Haedo y en el Pirovano, Fue su alumna, instrumentadora, secretaria y Enfermera Jefa del Servicio de Neuropsiquiatría.

Resumiendo:

* El 12-12-1991 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires.



- El 4-7-1991 Huésped de Honor del Partido de San lsidro.
- Fundador del Servicio de Neurocirugía "Manuel Balado" del Instituto de Cirugía "Luis Güemes" de Haedo, provincia de Buenos Aires. (El doctor Balado fue fundador y Primer Profesor de la Catedra de Neurocirugía y maestro del Dr. Ghersi).
- Fundador del Servicio de Neurocirugía del Hospital Municipal Dr. Ignacio Pirovano, donde hay un aula que lleva su nombre.
- Consultor y fundador de Neurocirugía del Hospital Naval.
- Fundador de Escuelas de especialización en Enfermería Neuroquirúrgicas de Salud Pública de la provincia de Buenos Aires y Cruz Roja Argentina.
- Presidente de varias Sociedades de Neurocirugía del país y el extranjero.
- Organizo cursos para médicos de la especialidad en el país y el exterior.
- Obtuvo premios de investigaciones en trabajos por la Academia Nacional de Medicina y la Asociación Médica Argentina.
- Miembro co-fundador del Colegio Argentino de Neurocirugía.
- Miembro co-fundador y varias veces Presidente de la Sociedad Argentina de Neurocirugía de la Provincia de Buenos Aires.
- Miembro Honorario Nacional del Forum Neurólogico.
- Fue autor y coautor de más de 300 trabajos de la especialidad.


Le fue dedicado el primer y único museo de Sitio de Instrumental inventado por él y libros de neurocirugía, que funciona en el Hospital Interzonal de Agudos de la provincia de Buenos Aires en Haedo.

Al jubilarse después de sesenta años de médico y más de 25 de profesor adjunto y titular, se hizo merecedor al título de Profesor Extraordinario Emérito de la Universidad de Buenos Aires.

El doctor Julio Alberto Ghersi falleció el 27 de marzo de 1997, a los 88 años de prolífica vida. Uno de sus alumnos dijo entonces "murió un luchador, un hombre que en su plenitud no supo de debilidades, de cansancio ni de pesimismos".

Tiempo antes de su muerte respondió preguntas de un periodista diciendo que sus días los pasaba estudiando, recibiendo consultas y dando consejos, poniéndose al día con la invalorable ayuda de su esposa.

Miguel A. Lafuente

viernes, 21 de mayo de 2010

¿Balneario en Villa Adelina?

Corría el año 1958. A seis cuadras de mi casa estaba la Laguna de los Patos, en la actual Yerbal y Thames. Allí nos llevaba mi mamá cuando mi padre, Carlos Pastorini, tenía que descansar. Él era quintero y por la noche llevaba con su hermano Pedrito las verduras que cosechaban, al Mercado Dorrego. Por eso la hora de la siesta era sagrada. Para evitar que, con nuestros gritos, llantos, etc. propio de dos nenas de 3 y 4 años, interrumpiéramos el sueño de mi papá, mamá tomaba el cochecito de mi hermana. A ella la sentaba ahí y yo iba parada al costado. Seis cuadras íbamos caminando hasta llegar a la laguna. Desde Thames y Lamadrid aún puede percibirse el declive hacia Yerbal, que en ese entonces estaba cubierto de agua y plantas acuáticas, entre las que se destacaban las flechas de agua.


En sus aguas nadaban patos marrones y alguno blanco, que despertaban nuestro asombro, y aunque sea, por un ratito, nos mantenían entretenidas y expectantes.



La directora de la escuela San Andrés Avelino donde trabajo en la actualidad, Sra. Miguelina D’Andraia, me contó que esas zonas bajas llegaban a lo que hoy es Martín Rodríguez y que su esposo cazaba allí ranas. Cuando llovía con intensidad había más de un vecino que se dirigía en bote hacia las zonas altas. “La isla” era una de esas tierras elevadas, ubicada en lo que hoy es P. Moreno y Martín Rodríguez.

Cerca de ella no era raro encontrar los domingos de verano gente tomando mate y algunas señoras se aventuraban a ponerse la malla, quedando la orilla de la laguna, en la Islita, transformada en un balneario local. Tal es el caso de la Sra. Pirocha, nuera del Sr. Luis Abriata, a quien le fue tomada una foto allí, luciendo su traje de baño.

Con el paso del tiempo esa zona baja se fue poblando de casitas muy modestas. El Dr. Julio Alberto Ghersi solía atender a esos primeros habitantes en forma gratuita, conociendo las necesidades económicas por las que atravesaban.



Yo no sé si la gente compraba los lotes o simplemente los iban ocupando. Lo cierto es que cuando llovía el agua se les metía en las casas, por eso, los más previsores, empezaron a rellenar los terrenos. Transitando Yerbal se pueden ver las casas más altas que el asfalto.

Incluso en algunas de ellas han levantado en las puertas de entrada un pequeño tabique de material para impedir que el agua pase y las casas se inunden. Hablo en presente porque aún hoy, si las lluvias son muy intensas, los desagües no son suficientes, y la zona se inunda, como en los peores tiempos.


Pasaron muchos años hasta que por fin las autoridades, decidieron terminar con las inundaciones en la zona. Recuerdo que muchas veces no podíamos tomar el colectivo 5 (actual 700 rojo) por el nivel de agua que se acumulaba en Thames y Yerbal y zonas aledañas. Construyeron importantes desagües que dieron un respiro a las casas del lugar. Pero la caída natural del terreno persiste y, como ya les mencioné, si cae una intensa lluvia, los desagües no llegan a ser suficientes (pasó en febrero de este 2010).

Ya escribiré sobre otros balnearios, visita obligatoria los días de verano, a orillas del Río de la Plata, en San Isidro y Martínez. Pero quise empezar por este balneario, el de nuestros pagos que, tal vez, muchos de los que aún viven en la zona tuvieron la dicha de conocer, y la mayoría que hoy habita el lugar desconoce.

Mónica Liliana Pastorini

mlpastorini@yahoo.com.ar

viernes, 14 de agosto de 2009

Gracias, Doctor Julio A. Ghersi!

Hubo en nuestro pueblo un médico "gaucho", de humildad sin límites, que supo atender a todos sin distinción de clases, razas o credos. Bastaba con confiarle algún impedimento económico para que, presta y desinteresadamente, acudiera en auxilio del quien lo necesitase sin pensar en cobrar honorarios. Muchas veces lo vimos pasar por las cocinas de las casas en horas cercanas al almuerzo o la cena y levantar las tapas de las ollas para percibir los aromas de cocción de un buen puchero, aceptando gustoso la invitación de sentarse a la mesa para compartir como un familiar más, a manera de retribución por sus servicios.

Corría el año 1942 o 43 cuando me contagié de Difteria. Mi estado se agravaba con el paso de las horas y en casa mis padres desesperaban por ello. El Dr. Ghersi luego de una segunda visita domiciliaria dispuso mi urgente internación. Puede decirse que su idoneidad profesional y firme disposición ejecutiva fueron los factores fundamentales que salvaron mi vida.

No había tiempo que perder, por lo que puso su automóvil (recuerdo su Ford '39) a disposición y le dijo a mi madre que me preparara para el traslado, mientras que yo, febril, dolido y asustado, trataba de explicarme en mi cabecita de niño qué estaba sucediendo. Lloraba mucho y me impresioné aún más cuando llegando al frente de mi casa pude ver cómo unos hombres enfundados en níveos mamelucos con capucha y barbijos, bajaban extraños aparatos que luego supe eran para desinfectar rápidamente los pocos ambientes que aquella poseía.

Transitamos por Fernández Espiro (como se llamaba Paraná, lado Vicente López) y al llegar a una de las primeras jugueterías del barrio (La Gloria, también Tienda y Mercería, propiedad de Aurelio De Paoli y Señora) el Dr. Ghersi detuvo el auto y señalando la vidriera de ese negocio me preguntó cuál juguete de los exhibidos era mi preferido. Había una multicolor concertina que me gustó siempre pero que mis padres no podían comprármela, y sólo bastaron pocos minutos para que el médico "gaucho" la depositara en mis manitos, eficaz paliativo para cesar los llantos y al tiempo, atenuar psicológicamente mis dolores.

Así, llegamos y quedé internado en el la Sala de Infecciosos de Hospital de Niños de la Ciudad de Buenos Aires, con aislación absoluta por cerca de dos o tres semanas. Recuerdo a mi madre, que diariamente llegaba hasta la ventana frente a mi camita sin poder siquiera darme un beso o mimarme. Y allí quedó, vaya a saber uno para quién de los chicos que continuaban internados, el regalo que me hiciera el Dr. Ghersi.

Pasaron 67 años, y nunca podré olvidar a este sencillo médico de pueblo que pasó a ser con el paso del tiempo un eminente Neurocirujano argentino, querido y respetado en todo el mundo.

Gracias! Muchas gracias Dr. Julio A. Ghersi por su trato tierno, cuasi paternal, hacia mí y mi familia toda. Quedo convencido de que -como yo-, debe haber mucha gente en Villa Adelina y alrededores que tuvo el privilegio de recibir las bondades de su ciencia entregadas con total llaneza, cordial y caritativa.

Miguel A. Moschiar