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miércoles, 10 de febrero de 2010

El barrio de la abuela Mina

Era el 8 de diciembre de 1965, tomaba mi primera comunión. Estábamos todos los chicos formados en hileras de cinco, el cura, junto a los monaguillos nos invitó a dar una vuelta alrededor de la plaza antes de entrar a la Iglesia. Llevaba, por supuesto, un vestido blanco (hecho por mi abue), con una vincha de tul y organza, guantes de encaje y zapatos blancos.

En el trayecto casi piso un tremendo hormiguero! Seguimos caminando y entramos a la Iglesia. No solamente era el día de nuestra primera comunión, sino que también era el día de su inauguración, faltaban los mosaicos en el piso y los bancos, pero grande fue mi sorpresa, porque cuando empezamos a ingresar se escuchaba un coro, miré a mi derecha y ¿quiénes eran? Mi abue, mi mamá, la tía Billy, el tío Polo y el tío Guillermo (hermanos de mi mamá). A mi izquierda estaba mi papá (don Aquiles) y mi hermano Enrique.

Luego de la misa fuimos a casa en el Buick 8. Un año más tarde, durante el verano del año 1966, estaba por cumplir 8 años, había comenzado a pasar la máquina por la calle Gral. Lamadrid para luego ser asfaltada, por supuesto que a la tarde, luego que la misma terminaba de trabajar, salían todos los vecinos a observar algo tan ansiado. Una vez terminado el asfalto, fui hasta la esquina con mis amiguitas y dejé las huellas de las "skippy" (que todavía están).

Luego, a medida que pasaban los años, continuaron asfaltando las demás calles del barrio, incluyendo la entonces Las Acacias (hoy Soldado de Malvinas), que tomando derecho hacia el oeste, llegaba a la casa de la abuela Mina (apócope de Guillermina) y del abuelo Mundo (apócope de Edmundo). Iba día por medio a visitarlos, pasaba después de ir a la clase de guitarra o desde casa, en mi bici, el trayecto era por General Lamadrid hasta Soldado de Malvinas, seguía derecho hacia la estación, cruzaba la Avenida de Mayo. Entre la avenida y Yerbal había un montañita (por supuesto que la calle era de tierra), pasaba sobre la montañita y seguía derecho hasta Independencia, doblaba a la izquierda, estaba el corralón en la esquina, era la tercera casa.

Siempre decimos que nuestra abuela es la más linda, ¡y lo era! Era de estatura mediana, pelo negro muy finito y ojos lilas, ¡Sí señor! ¡Ojos lilas! y no era Liz Taylor, ¡Era mi abuela! Algunos sábados a la tarde hacíamos algo poco común, como vivía a media cuadra de la Iglesia, llegada la nochecita íbamos a ver los casamientos como si hubiésemos sido invitadas, pero no íbamos a verlos porque conocíamos a los novios, ni tampoco por ver el vestido de la novia, ni por romanticismo, mi tía Billy (apócope de Billiken), cuyo nombre es Esperanza Amada cantaba el Ave María, y mi tío Fernando (su esposo) tenía un Kaiser Carabela (¡enorme!) donde llevaba a la novia de turno.

También, algún día de reunión en la casa de la abue, nos llevaba con mi mamá, mis dos tías y en aquel entonces, mis primitos, a dar una vuelta a la plaza en karting. El dueño de los mismos los colocaba alrededor del mástil y partía desde allí, daba toda la vuelta y terminaba en el mismo lugar. Cuántos hermosos recuerdos...! Veíamos juntas "Buenas tardes, mucho gusto", donde ví por primera vez a quien años más tarde fuera mi profesora de cocina: Chela Amato Negri. Me enseñó a tejer a máquina, al crochet y a dos agujas. En una de las habitaciones había algo a lo que yo le tenía terror: "una mujer sin cabeza" (el manequí), aunque a veces estaba vestida, no sabía por qué. ...Y ahí permanecerá la casa de la abuela Mina, en Independencia 1932, la plaza, la Iglesia, y la vuelta en karting.

Viviana Alvarez Rodríguez

miércoles, 20 de enero de 2010

Mi niñez en el Instituto San Juan Bosco

Era fines de febrero del año 1966, caminamos con mi mamá cuatro cuadras: media cuadra hasta Soldado de Malvinas (antes Las Acacias), dos cuadras hasta Pichincha, y por esta misma, dos cuadras más y 20 metros. Era una escuela nueva. Nos había recibido un señor alto de abundante pelo negro y bigotes, mi mamá le mostró unos papeles, el señor anotó algo, y luego, dirigiéndose a mí me dijo: "¿así que vas a tener un hermanito?", "sí", le contesté, luego escuché como este señor le explicaba a mi mamá acerca del uniforme, pasaron algunos días y las clases de 1° superior comenzaron, el señor que nos había recibido ese día era mi maestro, era el señor Guillermo Dalponte.

Mi hermano mayor iba a 3° grado, su maestro era el señor Carmelo Paolillo. La escuela constaba solamente de cuatro salones y dos pequeños baños, en la parte trasera del patio había una casilla de madera pintada de verde oscuro, donde funcionaba el jardín de Infantes. Años más tarde, sacaron la casilla, ampliaron los baños, pusieron algunas canillas en el patio y construyeron la dirección, la secretaría y la sala de maestros. Pasaban los años, seguíamos yendo a clase, algunos nos llevábamos materias, otros no, hasta que llegó el tan ansiado viaje de egresados. Por supuesto que fuimos a Bariloche!!.

Tengo las fotos bien guardadas, pero la que veo siempre es la grupal, estamos en el cerro Otto cuando se estaba empezando a construir la confitería. Visitamos otros lugares como Puerto Blest, los Siete Lagos, la Isla Victoria, nos sacamos otra foto grupal donde se veía el Llao-Llao de fondo, y la última foto, en el restaurante del hotel Piedras 1, frente al lago Nahuel Huapí.

Ahora la escuela cambió muchísimo, tiene más salones, más oficinas y un segundo piso. Grande fue mi sorpresa, una tarde cuando salía de mi trabajo me propuse no ir a mi casa, seguí hasta Villa Adelina, con quién me encontré? con los señores Raquel y Rubén Guisoni!! Tantos recuerdos, tantos compañeros, tantas horas vividas en la escuela, y pensar que hace mas o menos un mes, cumplió 50 años!! Y siempre estará ahí, sobre la calle Pichincha al 2000, el Instituto San Juan Bosco.

Viviana Álvarez Rodríguez
Originalmente publicado en www.ciudadvilladelina.com.ar - 19/01/2010