domingo, 31 de enero de 2016

Del libro "Adelina... la Princesa" - Francisco Diurno (1991)


ACLARACIÓN FINAL
La presente aclaración, se expone, para que el lector ávido de conocer en todos sus detalles el entorno laberintoso que rodea la composición de una obra con personajes reales, conozca los orígenes por el cual me impulsaron a transitar por él, tratando en lo posible descifrarlo, dándole claridad; buscando reivindicar los nombres de los que de algún modo, descollaron en hechos positivos que redundaron en beneficio de la humanidad, como ha sido el caso de Duncan Mackay Munro.
 
Por otro lado; conocer los motivos por el cual nació la inspiración de presentar la novela "ADELINA... LA PRINCESA" del modo expuesto y todo lo que existe de veraz en lo que se ha leído. Por tal motivo, haré una breve reseña relacionada con el argumento que contiene el presente libro y, las causas que me incitaron a publicarlo de este modo.

Como aclaré en el prólogo, varios fueron los comerciantes y dirigentes de Instituciones que me alentaron para compilar en un volumen, todos los antecedentes de la verdadera historia de Villa Adelina.

El entusiasmo mayor comenzó a vigorizarse una vez publicada mi sexta obra "Historia y Leyendas del Tuyú". Como la historia de Villa Adelina no iba a tener mercado de venta fuera de ella, surgió la idea de que fuera financiada por los comerciantes y las Instituciones de la localidad, mediante la adquisición anticipada de ejemplares al costo real. Con esa premisa me dediqué de lleno a la tarea.

Transcurrieron algo más de dos años investigando y escribiendo la historia que ya me fascinaba. Hallé varias contradicciones que se precisó mucho tiempo para descifrarlas, como fue la correcta identidad de Adelina y su familia; la construcción y pertenencia del denominado "castillo" y la compra-venta de las tierras donde se levanta la "Torre Ader", además de otras erratas de menor importancia.

El motivo por el cual me había prestado a trabajar tanto sin la obtención de beneficio alguno, para que Villa Adelina tuviera en un volumen toda su historia, se debía, principalmente, a mi currículum:
Durante 48 años he vivido en ella; tuve comercio propio y desempeñé distintos cargos en las comisiones de varias Instituciones: Secretario de la Sociedad de Fomento "Unidad Villa Adelina"; Tesorero de la "Sociedad de Fomento y Biblioteca Popular de Villa Adelina"; fundador directo de la Sociedad "Amigos de la Calle Paraná" en el cual, durante cinco periodos discontinuos fui su Presidente; Director del órgano mensual de la Sociedad "La Voz"; Presidente de la Sociedad Cooperativa de Fomento y Obras de Bien Público Limitada "INTER" compuesta por catorce Instituciones de la localidad, entre otras de menor importancia.

En setiembre de 1990, ya tenía finalizada la obra. Con el presupuesto entonces, de la Compañía Impresora Argentina S.A. y la confección de doscientos volantes explicativos visité los comercios, Instituciones, Fábricas, hasta algo más allá de la avenida Panamericana, Clubes, Compañías de Transportes Colectivos con terminal en Villa Adelina, etcétera.

Transcurrieron dos meses sin haber recibido respuesta, con excepción de la confirmación verbal del hijo de mi ex socio, el Escribano Néstor De Paoli y una nota del Rotary Club de Villa Adelina, en la que me informaban que esa Institución iba a participar con un espacio a determinar.

El desencanto sufrido fue brutal, puesto que las mismas personas que me incitaron a escribir la historia, argumentaban disculpas que lastimaron mi sensibilidad humana. Una apatía total se había apoderado de la inmensa mayoría de aquellos compañeros de antaño... una inexplicable indiferencia se leía en sus rostros, como si lo ofrecido constituía la solicitud de una dádiva en mi beneficio, cuando en realidad, les brindaba todo mi esfuerzo sin otra remuneración que el tácito agradecimiento de los que realmente amaban la villa.

En un instante de vacilación, la voz oculta de mi ego me impulso a incinerar el libro y su voluminosa apoyatura, mientras mi otro "almeter" me incitó a que lo donara a la Biblioteca Popular de San Isidro que habían sido muy atentos conmigo. Al fin, la unión de todos mis "almeteres" que gobiernan mi cerebro, me indicaron que, aprovechara el abundarme argumento que la obra poseía y la convirtiera en una interesante novela que pudiera ser solventada al igual que mis otros libros y vendida junto a ellos en cualquier lugar del país.

Informé a los miembros de la familia Colonna en Italia de la puesta en marcha del nuevo plan y el motivo que me indujo a posponer su aparición.

Con gran entusiasmo, entonces, me dediqué a escribirlo nuevamente en su totalidad, utilizando el argumento que ya poseía y dando vida a los personajes a través del diálogo.

Luego de esta confidencia, no me resta otra cosa que clarificar el modo que obtuve cada información y que no se halla especificado en el curso de la narración, por no haber hallado el espacio adecuado que no molestara el normal proseguimiento de la lectura.

Bien, es obvio que el material obtenido se produjo muy lentamente; el entusiasmo emocional se apoderaba de mi persona cada vez que descubría algo nuevo. Es que el historiador que no solamente transcribe lo que otros han escrito, sino que se impone el deber de buscar la autenticidad de la información que adquiere y que luego transmite bajo su nombre, no es más que un investigador que trata de acomodar las piezas que va encontrando, y cual un sabueso, busca las que faltan para completar la verdadera historia que desea traer a la actualidad. En muchas ocasiones, se encuentra encerrado en un callejón sin salida... pero, el afán del éxito y el amor propio, consiguen cosas que en un comienzo parecían serle vedado. Ciertamente que la perseverancia, cuando la cosecha se realiza en tierra fértil, indefectiblemente, a la postre, debe dar buenos frutos.

En este caso, una nota aparecida en el diario "La Nación" el 13 de febrero de 1979, bajo el título "El nombre de Villa Adelina", fue la chispa inicial de todo lo que aconteció después.

En ella, el autor de la misma, señor Derek Drysdale, entre otras cosas expresaba que era pariente de Adelina, daba los nombres de los padres para luego explayarse sobre cuestiones de herencia y por último, informaba que Adelina se había casado con un príncipe italiano, María Colona, que tuvo varios hijos que residían en Roma y daba los nombres, los que se utilizaban en familia.

Con ello, descubrí que el motivo por el cual se habían tejido distintas teorías en torno a la identidad de Adelina, había sido porque dejo de residir en la Argentina.

Para atestiguar la veracidad de la información recogida, de que realmente se había casado con un príncipe, concurrí al Instituto Italiano de Cultura situado en Marcelo T. de Alvear 1119 de esta Capital, para preguntar si sabían algo que se relacionara con el apellido de un príncipe italiano cuyo nombre completo era, María Colona.

Con inmensa alegría, me enteré, a través de la "Enciclopedia Storico-Nobiliare Italiana" por Victorio Spreti, que precisamente el apellido Colonna y no Colona, era ilustre en la época del Feudo, adquiriendo una vasta gama de títulos que lo ennoblecieron. Todos ellos figuran en la Enciclopedia hasta llegar a la gran personalidad de don Próspero Colonna, Duque de Rignano y Calcata, quien a su vez obtuvo los títulos que a lo largo de la historia se mencionan. Leí que su hijo Mario, y no María como decía Derek, caballero de Malta, casado con Adelina María Drysdale. (Nótese que aquí Adelina uso la "M" de Munro como María). Lo más notable de todo y muy grato para mí, ha sido en el momento de leer en él que Mario, Adelina y sus hijos se hallaban inscriptos en el LIBRO DE ORO DEL REINO DE ITALIA. Incluso menciona los nombres de los hijos, siendo equivocados los dos últimos, de acuerdo a la información de Oddone, el segundo hijo de Adelina.

Como en la Enciclopedia no existía ninguna dirección y el señor Derek Drysdale hacía tres años que había fallecido, sin poder hallar más rastros de alguien que supiera algo de Adelina, se me ocurrió, cual una travesura, escribir a Roma.

Redacté una hermosa carta y, en lugar de echarla al mar dentro de una botella, la ensobré y escribí, en italiano por supuesto, lo siguiente: Señor Jefe de Correos de Roma, haga el favor de hacer llegar la presente carta a cualquier miembro de la familia Colonna.

Sobrepasando todos los cálculos optimistas, con gran alegría recibí la respuesta del hijo de Adelina, don Oddone Colonna, cuyo original con su traducción al castellano van insertas al final de esta aclaración.

Sólo cuando estuvo en mi poder el Acta de Rectificación que acompaña las actas correspondientes, me enteré de la presencia de Francisco Bottaro Costa que apareció así, de repente. ¿Quién era? ¿Por qué en determinados momentos del acta dice que el nombre correcto de la madre de Adelina era Elisa María Munro de Bottaro Costa, cuando tenía que decir, de Drysdale?

La búsqueda para clarificar los puntos oscuros que a cada trecho se presentaba fue titánica. Ciertamente, repito, que el sacrificio carece de importancia cuando se obtiene el éxito deseado.

Merced a los informes recogidos en "Caras y Caretas" además de los distintos diarios y la gentileza del "Servicio Histórico y Documentación del Ministerio de Relaciones Exteriores" de Roma, pude narrar paso a paso, la real trayectoria que desarrolló durante su vida el conde italiano nacido en Austria, considerado uno de los más grandes diplomáticos que tuvo Italia en aquella época. Por consiguiente, con él, los de Adelina.

En mi afán de brindar siempre la veracidad de los acontecimientos que narro, concurrí al cementerio británico para verificar fidedignamente todo cuanto se ha leído respecto a la inhumación de los restos de Duncan Mackay Munro. En la oficina del mismo recogí las interesantes informaciones que de su sepultura se dan oportunamente.

Siempre en la búsqueda de la información correcta en mis andanzas de investigador, tuve la necesidad de golpear infinidades de puertas, de las cuales, muchas permanecían cerradas, otras se abrían y cerraban indiferentes y solo unas pocas me brindaron el coraje de seguir adelante. Fue en una de éstas últimas circunstancias que tuve la inmensa dicha de conocer a una prima legitima de Adelina, María Munro, la mayor de las tres hijas de su tío Jorge Munro, quien muy gentilmente se aprestó a ayudarme a que conociera en detalles las grandes cualidades personales que caracterizaban al abuelo, su "grand-papá" Duncan Mackay Munro. Fue ello, una alegría tan inmensa que me brindo lo imprevisto; una satisfacción tan maravillosa, que colmó a modo de milagro mi tozuda abnegación puesto que, en mis cálculos, la comparaba con una edad aproximada a la de su prima Adelina y por lo tanto, difícil que aun existiera. Pero, para nuestro regocijo, luce jovialmente sus 76 años mediante el porte elegante de una clásica dama escocesa.

María o Mery como le dicen los íntimos, tuvo la fina amabilidad, conjuntamente con sus hermanas, Inés Ana y Catalina Elisa de facilitarme algunas de las fotografías que ilustran el presente libro.

A pesar del desencanto experimentado en el momento de la publicación del nonato libro relacionado exclusivamente a la Historia de Villa Adelina, cautivado por el amor que por ella siento, ilusoriamente pensé que alguna de las Instituciones de Villa Adelina hiciera la presentación oficial del libro. En este caso, las tres primas de Adelina y nietas de Munro, prometieron, complacidas, hacer acto de presencia e incluso brindarnos directamente algunas palabras en memoria de la prima y del abuelo que tanto querían.

Por otro lado, también, sugiero a los que aman a la ciudad de MUNRO, que aprovechando la aparición del presente libro, realicen en la sede de alguna de sus un acto popular para realizar su presentación ya que la obra contiene las partes más sobresalientes de la vida de Duncan Mackay MUNRO desde que dejó su ciudad natal, Inverness, en Escocia y se dedicó aquí, al mejoramiento y expansión de una gran parte de los ferrocarriles argentinos. Sería un justo homenaje en su memoria, a la memoria de "MUNRO"; nombre que se exhibe por doquiera en los medios de transportes que profusamente circulan por la Zona Norte del Gran Buenos Aires y el interior de la Capital Federal; nombre de una ciudad que infinidades de personas que habitan en ella desconocen su origen, incluso se duda si fue un nombre perteneciente a alguien o, simplemente es el nombre de un objeto.

Además, también sugiero que en ese acto se forme una comisión integrada por los amantes... verdaderos amantes de la ciudad, para que el 6 de junio de cada año, día de su muerte, se visite su tumba existente en el cementerio británico, llevándole una flor, para regocijo de su alma que desde el más allá, siente orgullo de que su apellido se haya convertido en una encantadora ciudad denominada por todos; "La Capital de la Indumentaria".

Seguidamente va mi más sincero reconocimiento a las Bibliotecas, Hemerotecas, Archivos y Museos que facilitaron mi labor al brindarme el material que disponían para verificar o buscar las informaciones que estaba necesitando, son ellas: la Biblioteca Nacional con su interesante Hemeroteca; la Biblioteca y Hemeroteca del Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires; la Biblioteca Popular de San Isidro; la Biblioteca y Hemeroteca del Congreso; la Biblioteca de la Caja de Ahorros en la que conseguí todos los detalles del casamiento del conde Bottaro Costa con Elisa Maria Munro; la Biblioteca Nacional del Círculo Militar; la "Dante Alighieri"; el Archivo General de la Nación; el Boletín Oficial; el Archivo General del Registro Civil; el Ministerio de Relaciones Exteriores de Roma; el Instituto Italiano de Cultura; la Dirección Nacional de Migraciones; las distintas parroquias situadas en la zona céntrica; el Museo Nacional y Centro de Estudios Histéricos Ferroviarios "Ferrocarriles Argentinos"; el Hotel de Ville, servicio de "mariages" de París y muchas otras que de un modo u otro, trataron de colaborar conmigo.

Creo que es sumamente necesario aclarar, sobre todo para los historiadores que se ocuparon o que desean ocuparse en lo que respecta al origen de la titularidad de las tierras en que se yergue gallarda la Torre Ader, que la historia que se cuenta en la actualidad se halla equivocada. Los fundamentos de esta aseveración está dada por lo que ya hemos conocido al principio de esta historia: que Juan y José Drysdale, dos hermanos que eran titulares de una antigua firma importadora de maquinarias agrícolas, fallecieron en los años 1890 y 1893 respectivamente, existen pruebas de ello. Por lo tanto, jamás pudieron haberle vendido en 1914 a Bernardo Ader la tierra en que, luego, hizo levantar la elegante Torre que lleva su apellido o el de una antigua Torre situada a mil pasos de Belén en Palestina. Allí oyeron los pastores el anuncio del nacimiento de Jesucristo.

En lo que respecta directamente a la fracción en la cual se halla implantada la Torre, estoy en condiciones de asegurar, gracias a los buenos oficios de los empleados del Ministerio de Obras Públicas (Geodesia) y del de Hacienda (Catastro) de la ciudad de La Plata que, se halla inscripto bajo el numero 42.560 Serie C - Año 1908 - Y que Emilio Bieckert vendió el 7 de abril de 1908 a Bernardo Ader... etcétera. El escribano interviniente fue Alberto M. Haedo.

Años más tarde, su sucesora Ana Elisa Ader de Grumbaum por (2060/1969) donó la Torre a la Provincia de Buenos Aires y por (2721/1980) la Provincia la donó al Municipio de Vicente López.

En este momento mantiene la custodia de la Torre Ader el Instituto de Investigaciones Históricas -dice un folleto que me ha sido entregado en el Museo y Biblioteca de la Torre Ader, que funciona en la misma-, con el fin de organizar un complejo cultural municipal que asesore a las escuelas y a las autoridades en materia de señalamiento de lugares tradicionales que se conservan en ese medio.

Ahora, sólo me resta desear al lector, que el presente libro haya sido de su agrado: que lo haya distraído del modo que pensaba al adquirirlo y que yo, he deseado que así fuera.

Para aquellas otras personas que directa o indirectamente conocen o conocieron las localidades que se mencionan, les deseo que luego de esta lectura, sientan algo más de orgullo de vivir o conocer las hermosas localidades de: "VILLA ADELINA", "DRYSDALE" nombre que luego cambiaron por el de Carapachay y, su otra gran vecina "MUNRO". Gracias.
Francisco Diurno

viernes, 1 de enero de 2016

La magnolia de la estación Villa Adelina

Transcurría el año 1891, cuando se produjo en Villa Adelina el primer nacimiento. Luis Tidone y su esposa, Magdalena Zanetti, ambos nacidos en Italia, fueron los padres de María Tidone, la que sería con el tiempo, madre de Don Lucio Angeleri, primer inscripto en el Registro Civil de Boulogne Sur Mer, ciudad donde todavía vive.     
 
En ese entonces el gobierno nacional daba a los inmigrantes tierras para trabajar, ubicadas en lugares despoblados, que no eran posible poblar de otro modo. Alejadas de los centros poblacionales, sin caminos que permitieran la comunicación con ellos, aún sin el ferrocarril.  El paisaje en ese entonces mostraba una acuarela de pastos y lagunas.
 
Un simple papel, no se sabe si hacía las veces de Escritura, indicaba la entrega  por parte del gobierno  a Don Luis de una buena extensión de tierras que se extendían desde la actual estación de Villa Adelina, ala norte, hasta Munro. 
 
De a poco esta familia de inmigrantes fue construyendo su casa. La hicieron de ladrillos, sin revocar, con ventanas pequeñas. Poseía una galería de piso de ladrillos, con macetas desbordantes de malvones. Un banco y una mesita invitaban los días de invierno a sentarse al sol y en verano a disfrutar de la frescura de las tardecitas.  No podía faltar una higuera, para deleite de la familia en el verano. Era doña Magdalena la encargada de hacer el dulce en la cocina económica, revolviéndolo continuamente con la cuchara de madera, mientras su perfume tentador inundaba toda la casa. 

No se sabe quién les regaló una plantita de hojas brillosas y fuertes. La pusieron cerca de la casa, y debieron pasar muchos años para que, en una mañana de primavera, doña Magdalena, yendo al gallinero para alimentar a sus gallinas, levantara la vista y viera una inmensa flor blanca surgiendo entre las hojas lustrosas. Llamó a su esposo: " Luigi! Luigi! Vieni qui!".  Don Luis apareció sobresaltado por los gritos de su esposa que extasiada, no podía dejar de mirar a esa flor tan hermosa. ¡La magnolia por fin había florecido!

 
Con el tiempo unos vecinos de dinero, muy inescrupulosos, engañaron a Don Luigi, obligándolo a firmar un papel que supuestamente lo iba a beneficiar. En quince días fue desalojado, y tuvieron que mudarse a José León Suárez.  La casa fue tirada abajo y en su lugar se construyó la mansión que luego sería el Club Stella Alpina. Tanto la higuera como la magnolia seguían firmes, testigos del tiempo y de los cambios que se iban dando en el lugar.  
 
La higuera fue tirada abajo hace unos años cuando se construyó un lugar de descanso para los choferes de la línea de colectivos 71, pero  la magnolia blanca aún mantiene su esplendor a pocos pasos de la estación,  cercana al  andén de los trenes que se dirigen a Retiro.  Todas las primaveras, sus flores, embellecen el lugar con su elegancia y perfume, y tal vez, en algún lugar de su memoria recuerde los cuidados de doña Magdalena, orgullosa de tener en su rancho una planta tan señorial. 
 
Que las futuras generaciones recuerden esta historia y protejan, al que seguramente es, uno de los árboles más antiguos de Villa Adelina. 
 
Mónica Liliana Pastorini

miércoles, 14 de octubre de 2015

La primera clínica psiquiátrica de la Provincia de Buenos Aires

En una zona muy arbolada de Villa Adelina y muy próxima al límite con San Isidro se encuentra una gran casona de típico estilo colonial español, cuya construcción data de 1873.

Su patio andaluz, con mayólicas y fuente, sus jardines llenos de antiguas especies arbóreas, entremezcladas con una antiquísima pajarera y elementos de uso campero parecen hacernos retroceder en el tiempo, para ubicarnos en la zona rural de San lsidro, porque esta casa es precisamente uno de los más antiguos cascos de estancia de la zona, cuyos últimos dueños pertenecían a la compañía inglesa que instaló el ferrocarril.

En este marco tan bien conservado desarrolla sus actividades la clínica psiquiátrica del Dr. Arditi Rocha.

El Dr. René Juan José Arditi Rocha, perteneciente a una extensa familia entre cuyos miembros se encuentra el fundador de la ciudad de La Plata y personajes que han participado en las guerras de la Independencia.

Ha sido un prestigioso medico especialista en psiquiatria, en el año 1940 fue titular de esa cátedra en la Universidad de Buenos Aires y en Ia de La Plata simultáneamente.

Fundó el Servicio de Psicopatología de! Hospital Parmenio Piñero que actualmente lleva su nombre Tambien llevá su nombre Ia cátedra de Psiquiatría del Hospital Interzonal de Alejandro Korn.

Fue Decano y Vicedecano de Ia Universidad Nacional de La Plata. Consejero Universitario de la mima. Medalla de oro otorgada por su santidad Pío XII y condecoración como "Comendador de Ia Gracia Magisiral" por su actividad docente y científica.

Miembro de Ia Academia Hispanoamericana de la Ciencia y de la Historia.

Fue elegido Senador de Ia Provincia de Buenos Aires por la primera circunscripción electoral para el período 1950-1954, por el Justicialismo.

A principios de los años 30 adquiere esta propiedad para vivienda familiar en la que al poco tiempo funda la primera clinica psiquiatrica de la Provincia de Buenos Aires, con características que respondían a los mas avanzados criterios de la especialidad, incluyendo el tratamiento de puertas abiertas, una novedad en el mundo.

Por su prestigio profesional y su actividad política el cálido lugar recibia frecuentemente las visitas de las personalidades con quien el Dr. Arditi Rocha frecuentaba su trato.

En tres oportunidades asistió el Gral. Perón siendo presidente de la Nación a compartir los tradicionales asados. En dos oportunidades lo acompañó su esposa Evita. En la clínica ya eran frecuentes las visitas del Dr. Ramón Carrillo, ministro de Salud Pública de la Nación, del Dr. Héctor Cámpora, Presidente de la Cámara de Diputados y Franklin Lucero, quien pernoctó muchas veces en esta casa.
 
Otros asiduos visitantes eran el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Domingo Mercante, el mayor Aloé, otros funcionarios, intendentes, ministros, miembros del cuerpo diplomático y algunos estancieros, que eran quienes generalmente donaban la carne para el asado que terminaba con un brindis "Por la Patria", como acostumbraba a coronar las reuniones el Gral. Perón.

En 1948 como sucedió en muchos lugares de la República Argentina se cambiaron los nombres de los lugares por los de la pareja presidencial.

Aquí la Estación Munro y el Hospital Municipal, cambiaron su nombre por el de Juan Domingo Perón.
 
"Las Huellas de un Presidente en Vicente López"- Cristina Mirabelli - Agosto de 2002 - Pág. 17/19 

domingo, 15 de febrero de 2015

Reportaje periodístico a Néstor Roizarena

Por mediación del investigador histórico Miguel Ángel Lafuente obtuvimos copia de la página 7 del Mensuario "PuertA1" de Octubre de 2005, donde se publicó una entrevista al Sr. Néstor Roizarena en la cual este vecino desgrana recuerdos sobre la Liga del Norte de Fútbol.


 
LIGA DEL NORTE, EL FÚTBOL DE AYER

PuertA1 visitó en sus oficinas de Villa Adelina a Néstor Roizarena, quien en una amena charla desgranó todos sus recuerdos de aquel equipo de El Trébol que intervenía en la Liga del Norte y también de este grupo de ex jugadores que en la actualidad se juntan para mantener viva aquella pasión.

PuertA1: ¿Quiénes integran este grupo y como se formó?

Néstor Roizarena: Este grupo está integrado por ex jugadores de la Liga del Norte, una liga formada por equipos de Munro, Villa Adelina, Villa Ballester y Boulogne, competían alrededor de 20 conjuntos, había tres divisiones, una jugaba los días sábado; y segunda y primera los domingos, esta liga tuvo vigencia desde el año 1949 hasta 1958 donde se disolvió, esto sucedió después de un clásico entre El Trébol de Villa Adelina y Charlone de Villa Ballester.

P1: ¿Cuándo comenzaron a reunirse?

N.R.: En 1997 la gente del Club Charlone organizó una fiesta muy importante donde se premió a algunos muchachos, futbolistas amateurs y también a aquellos que llegaron a ser profesionales que participaron en la liga para distintos equipos, nombres como Roberto Telch, Andrés Bertolotti, Juan Carlos y Víctor Doval, Manuel Silva y muchos otros. En aquellos tiempos, ocurría que estos equipos entraban en los campeonatos nocturnos que organizaban Platense, Colegiales, Acassuso y Chacarita.

Ahí nos enfrentábamos con jugadores que estaban en equipos de primera división, yo he llegado a jugar con Omar Sivori y Beto Menéndez. Ellos jugaban para Pinocho.

A partir de ahí comenzamos a reunirnos en la casa de "Pichin" Pirelli, el segundo domingo de cada mes a medio día, si hace calor lo hacemos el sábado a la noche, pero como estamos viejitos preferimos hacerlo los domingos hasta la tarde, hablamos de futbol, de turf y no faltan los cantores de tango que siempre invitamos y por supuesto las grandes figuras tales como Pedro Dellacha, Federico Vairo, Julio Cozzi, "Puchero" Varacka y tantos otros que vienen a pasar un grato momento. Recuerdo que cuando jugábamos el asado lo comíamos antes de ir a jugar el partido en la casa del Capitán de equipo que vivía en Céspedes y Perito Moreno (1), frente a la Iglesia de San Cayetano, que locura era eso.

P1: ¿Cuándo jugaban aquellos campeonatos iba mucha gente a verlos?

N.R.: Yo calculo que de 1500 a 2000 personas, se colmaban las canchas, habla partidos como Sportivo Boulogne o Santa Rita y El Trébol, donde era incalculable la gente que iba, o cuando en Villa Adelina se jugaba con Colo Colo, Olimpo, Alumni los llamaban los clásicos. También cuando entró el Atlético Beccar donde jugaba el hermano de Néstor Rossi, Lazarte de Tigre y Maglio.

P1: ¿Dónde estaban ubicadas esas canchas?

N.R.: En el Parque Cisneros había 6 canchas, la de EI Trébol estaba ubicada en los terrenos que hoy ocupa la iglesia de San Cayetano. Para mí era la más linda porque tenía alambrado y vestuarios, era algo muy importante para esa época, y además jugar en esos equipos, para los muchachos del potrero era jugar en Boca o en River. Villa Colombo tenla más equipo que Colegiales que estaba en 1ª B. Sportivo Boulogne estaba en la calle Sucre, Santa Rita jugaba en La Fama por la calle Thames.

P1: ¿Cuéntenos alguna anécdota que recuerde?

N.R.: La más linda, es con un chico que además de un gran amigo ha sido un crack jugando al futbol, este chico tenía 12 años y jugaba para la segunda de Santa Rita. Ese día yo jugaba para El Trébol en primera contra el equipo local. En aquellos tiempos el árbitro era cualquiera que tuviera alguna noción de futbol y me eligieron a mí para dirigir la segunda, al chico le tocó marcar a un wing izquierdo. Pobrecito se comió un baile bárbaro toda la tarde, pero en la única gambeta que le sale a este wing lo pasó y el marcador le pego una patada tremenda, que no tenía que darla. Inmediatamente lo expulsé, entonces viene y me dice "Legui" -que era mi apodo-, ¿por qué me hechás? y yo le dije que después del partido que había jugado a él no le hacía falta dar esa patada, que él iba a ser un crack. Así fue, Andrés Bertolotti que era ese chico, fue el mejor 2 que hubo en la Argentina.

Cuantos recuerdos comenzaran a rondar en la memoria de muchos que han jugado o visto algún partido de esta Liga del Norte o quizá mayores alguna vez le habrán contado sus mayores.

Jorge Rodríguez Principe
 
Fe de erratas:
(1) las calles Céspedes y Perito Moreno corren paralelas. Cabe suponer que Néstor ubicó el domicilio del Capitán en Dean Funes, entre las dos mencionadas. (Miguel A. Moschiar)

miércoles, 19 de marzo de 2014

Muchas gracias Sr. Eduardo Luis Juillerat !

Hola Miguel, dando vueltas por internet me encuentro con la pagina Recuerdos de Villa Adelina, le cuento mi padre era ahijado de Bernardo Ader, ya que su abuela era hermana de Elise Schulze, le envio alguna foto sobre el tema que seria bueno le llegaran a la Sra. Vila  Torralba -
Foto 1 Junto a la torre de der. a izq. mi padre Eduardo Bernardo Juillerat, mi tia Margarita Juillerat y Delia prima hermana de ellos (ver el tremendo parecido del rostro con la flia Schulze) la segunda foto es en la pileta de la casa de B Ader. lamentablemente todos los que aparecen en la fotos estan fallecidos o no los reconozco.
La pagina que uds. tienen sobre V. Adelina me parece muy buena y ademas es muy importante mostrar el lugar donde vivimos
Saludos
Eduardo
















sábado, 1 de febrero de 2014

Periódico "Imagen de la Zona Norte" (Julio de 1993)

Ellos lo merecían.
 
El Rotary Club de Villa Adelina, en un acto sin precedentes, quiso homenajear a los inmigrantes italianos que colonizaron Villa Adelina.
 
Abuelos, hijos, nietos... tres generaciones que se mantuvieron firmes en estas tierras, en principio desoladas.
 
Al pueblito había que crearlo, y ellos lo hicieron.
 
Por eso, con emoción, con orgullo, con profunda alegría por el reencuentro, con los ojos húmedos por los recuerdos, que en ligero tropel aparecían en sus mentes, y gracias a la mano de la "Familia Rotaria" que los presentó a la comunidad que colmaba la sala, se cumplió con creces el sueño de homenajearlos.
 
En el mes de junio tuvo lugar un homenaje a los primeros colonos italianos que se asentaron en Villa Adelina. Este evento fue organizado por el Rotary Club de Villa Adelina, y tuvo lugar en la Fundación Vicente López, sita en la calle Agüero, esq. Rubén Darío (Munro).
 
Un panel de fotos antiguas recubría las pizarras que estaban en la entrada. En ellas se observaba a los primeros inmigrantes con sus familias, en los comienzos de este siglo. Como antítesis se podían observar, en otro mural, fotos actuales de lugares representativos de nuestra ciudad, como ser: la Torre de Ader, la estación, casas antiguas que aún se conservan en muy buen estado, etc.
 
El almuerzo estaba previsto para las 13, momento en el cual el salón se encontraba colmado por los hijos, familiares y amigos de los homenajeados. Se vivía un clima donde era fácil advertir la alegría y emoción por este merecido reconocimiento a los verdaderos hacedores de Villa Adelina.
 
Inmediatamente después del almuerzo se escucharon las palabras de la Sra. Nelly Mezzabarba, quien con profunda nostalgia nos habló de su niñez en este querido pueblo. Un gran aplauso coronó sus palabras.
 
En todo momento estuvimos acompañados por los acordes del órgano ejecutado por Héctor Orellana, quien asistió con su música a la prestigiosa presencia del tenor del Teatro Colón, Gianni Zuma, el cual interpretó canzonetas tales como "O sole mío", "No te olvides de mí", "Guitarra romana", entre otras.
 
Con su voz privilegiada despertó la admiración y el entusiasmo del público, quien no se cansó de pedir repetición de sus temas.
 
Aprovechando esta importante reunión, el Rotary Club hizo entrega de los diplomas a las tres mujeres nominadas para el "Trébol de Plata": En Ciencias, la Sra. Mercedes Acosta (1° Premio), en Arte, la Srta. Pamela Peluso (bailarina internacional) y en la faz humanitaria, Martha Susana Bruno, Directora del Periódico "IMAGEN ZONA NORTE". 
 
Acto seguido se hizo entrega de los pergaminos a cada uno de los integrantes de las familias homenajeadas. Fue un momento de honda emoción, cuando se acercaron a buscar el reconocimiento a su amor por la tierra que los cobijara.
 
Las familias son: Bartoloni, Illuminati, Incardona, Iommi, Lupi, Maggiolini, Marchezotti, Mastragostino, Matteri, Mezzabarba, Rebagliatti, Salbucci, Salvucci, Tombesi y los ausentes Bevilacqua y Ferrando.
 
Como culminación del festejo hizo su presentación el grupo "La Reginelle campagnole" quien, con un cuerpo de baile integrado por niños y adultos, interpretó danzas folklóricas típicas de las distintas regiones de Italia. Algunos de los bailes fueron "Funiculi Funiculá", "La Raspa", "La TaranteIa" y otras, lo cual enfervorizó a los presentes inspirados por el siempre jovial espíritu italiano.
 
 
 
TESTIMONIOS DE LOS HOMENAJEADOS

“UNA DE LAS MAS ANTIGUAS"
FAMILIA MATTERI (hija de José Matteri)

Imagen: ¿Cuantos años hace que viven en Villa Adelina, Ud. o su familia?
Sra. Matteri: Mis padres llegaron acá en 1870. La familia Matteri fue fundadora de Villa Adelina, es la familia más vieja. Luego los hijos nacieron todos en Villa Adelina.
I: ¿Cómo recuerda a esa Villa Adelina?
M: Desde la estación hasta Fondo de la Legua era todo campo. Nosotros, con la familia Rebagliatti, teníamos tierras desde la calle Yerbal hasta Fondo de la Legua.
I: ¿Cómo ve a Villa Adelina hoy?
M: Hoy Villa Adelina es distinto, ya están las casas de nuestros hijos, nuestros nietos, es diferente.

“LA ALEGRIA DEL REENCUENTRO"
ERNESTO SALVUCCI
Imagen: ¿Cuánto hace que está Ud. en Villa Adelina?
Sr. Salvucci: Yo nací acá, el 22 de mayo de 1905; acabo de cumplir 88 años.
I: ¿Qué recuerda de las antiguas épocas en este pueblo?
S: Bueno, yo hice el colegio primario en la escuela N°4, en Mitre y Paraná, porque en San Isidro, en esta zona, no había colegios. Al N° 4 ibamos Zunino, Marchezotti, Abriata, Rebagliatti, todos...
I: ¿Y qué piensa de este festejo?
S: Es muy lindo volver a encontrarse, es una felicidad muy grande. Por ejemplo con el Sr. Mastragostino fuimos al colegio juntos. Hoy en día los dos vivimos en Villa Adelina, pero no nos vemos. En cambio hoy, tuve la oportunidad de saludarlo y como a él, a muchos otros. Esto es para mí una satisfacción muy grande. No sé como agradecer al Rotary Club por esto. Fue una idea muy buena y para mí fue una alegría enorme.

"SEGUIR HASTA EL FINAL"
NICOLAS MASTRAGOSTINO
Imagen: ¿Cuánto hace que llegó a Villa Adelina?
Sr. Mastragostino: Vine en 1912, hace 81 años.
I: ¿Qué recuerdos tiene de este barrio en esos tiempos?
M: En la estación de Ferrocarril había un almacén de ramos generales. El dueño era Pancho Méndez. Lo recuerdo como si lo viera ahora; era lo único que había. Después estaban las quintas de Giribone, Matteri, en fin creo que ya fueron nombrados casi todos.
I: ¿Qué opina de la Villa Adelina actual?
M: De Villa Adelina opino una cosa. Que yo me quiero morir acá. Mi hija me dice: "Pero papá, vamos a otro lugar" y yo le digo: "No, dejáme a mí, total me quedan pocos años, con que pueda vivir 5 o 6 años más. Yo tengo 87 y los que me quedan quiero vivirlos aquí.

“EL PRIMER TAXISTA"
SR. MAGGIOLINI
Imagen: ¿Cuánto hace que su familia se asentó aquí?
Sr. Maggiolini: Mis padres vinieron hace 83 años. Yo nací acá, hace 77 años.
I: ¿Qué recuerdo tiene de la Villa Adelina de entonces?
M: Yo vivía en Lamadrid y Av. de Mayo, a dos cuadras de Rebagliatti, Marchezotti, Matteri, etc. A los 5 años vine a vivir cerca de la Estación, frente al colegio. Era un desierto. Yo conozco Villa Adelina como la palma de mi mano, porque a los 11 años hice de taxista. Conocí todos los caminos, arroyos, lagunas. Por la Estación había canchas de tenis, golf y grandes chalets, entre ellos el de Ponce de León, donde hoy es la terminal del colectivo 71. En el Parque Cisneros había una laguna. Cuando me quedaba atascado iba a buscar ladrillos y los ponía debajo de la rueda para salir. Para el lado de Boulogne era todo un zanjón, bosques, pajonales. Así que conozco Villa Adelina de punta a punta.

"NO FUE ABANDERADO POR SER ITALIANO"
ARISTODEMO TOMBESSI
Imagen: ¿En que año llegó a este pueblo?
Sr. Tombesi: Yo vine a vivir aquí en febrero del '27, tenía dos años y medio. Mi padre vino, más o menos, un año antes.
I: ¿Cómo fue su infancia en esta nueva tierra?
T: Mi infancia fue buena, lo pasé bien. Tuve muchos amigos. Nos conocíamos con todas las familias. Siempre hay, como en todos los sectores, el que tiene "la nariz para arriba", que no se da con el de abajo. Eso ya existía hace 500 años. Por lo que leo, siempre hubo guerras entre lacayos y señores. En esa época pasaba lo mismo. Yo era hijo de un trabajador. Mi "viejo" era albañil y se hizo una casita modesta y había, también, quien tenía la "mosqueta"; entonces nosotros éramos de segunda. Tanto es así, que una vez, en el colegio me habían nombrado abanderado. Me sacaron, por ser italiano y me pusieron entre los escoltas. Me hicieron ese desprecio. Pero en general los demás me recibieron bien. Los que estaban, eran hijos de italianos; toda gente macanuda. Bien argentinos, había muy pocos.
I: ¿Y qué me puede decir de su vida actual en Villa Adelina?
T: Mirá, hace poco cumplí 51 años como socio del "Club C.A.S.V.A.". Estoy muy radicado ahí, la paso bien, porque ahi pasé mi infancia, ahí conocí todo.

“A PIE HASTA BOULOGNE”
SRA. DE ILLUMINATTI
Imagen: ¿Cuál es la historia de su familia en Villa Adelina?
Sra. llluminatti: Yo nací acá, soy hija de gallegos, mi apellido es Acuña. Los que eran italianos eran los padres de mi marido, con el cual me casé hace 50 años. La mamá de mi marido llegó acá hace, más o menos, 70 años.
I: ¿Qué me puede contar del barrio de esos años?
Sra.I: Nosotros vivíamos a tres cuadras de la estación y era todo campo, quintas, jardines. Era toda gente trabajadora de la tierra. Los que trabajaban en el Ferrocarril se tenían que ir de Villa Adelina a Boulogne, caminando, porque trabajaban en la estación Boulogne y el tren no llegaba, o a lo mejor, llegaba uno cada tanto. Así que se iban caminando a la mañana tempranito. El abuelo y el papá de mi marido hacían eso todos los días.

“TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR" RODOLFO LUPI
(Descendiente de Juan Lupi)
Imagen: ¿Cuándo se asentó su familia en este barrio?
Rodolfo Lupi: Mi abuelo, Juan Lupi, llegó en 1907 con su esposa Clementina y sus hijos, Fortunato, José y Juan.
I: ¿Qué recuerdos tiene de esas épocas en Villa Adelina?
R.L: Cuando llegó mi abuelo arrendó un pedazo de tierra en los alrededores de la estación y formó una quinta, hasta que la "Compañía Argentina de Tierras del Norte" compró los terrenos y le pidieron que se fuera. El se ofreció para trabajar con ellos y le dieron un puesto de encargado de las Cuadrillas de Mantenimiento de las calles y veredas. Las calles, por supuesto, eran de tierra y las veredas las apisonaban con carbonilla que sacaban de las locomotoras.

“ANTES...VALIA LA PALABRA”
MARINO IOMMI
Imagen: ¿Cuándo llegó su familia a Villa Adelina?
Marino lommi: Mi padre, Nazareno Iommi, nació en Italia y vino acá a los 18 años. Yo nací en 1914, tengo 79 años. Nos instalamos, cuando yo tenía 1 año, José María Moreno, Cuartel Quinto.
I: ¿Cómo recuerda al pueblo?
MJ: En esa época había mucho campo. Mi familia era de quinteros. Alquilaban los campos para sembrar verduras, que yo comencé a repartir a los 10 años. En ese entonces no había nada. Solo caminos de tierra y campos sembrados. Se vivía con mucho sacrificio.
I: ¿Cómo ve a la Villa Adelina actual?
MJ: Esta muy linda, nada que ver con lo de antes. Pero la diferencia es que antes valía la palabra... Era como si firmáramos algo.

“NO LA CAMBIO POR NADA EN EL MUNDO“
AMELIA BEVILACQUA
Imagen: ¿Cuándo llegó su familia a Villa AdeIina?
A. Bevilacqua: Mi padre se asentó en Villa Adelina en 1937, llegó con sus hijos, Elisa, Antonio, Ernestina, Catalina, Elina y yo.
I: ¿Dónde se instalaron?
A.B: Donde hoy es la esquina de Paraná y Fray Cayetano Rodríguez. En esa época no había colectivos, sólo el N° 4 que llegaba hasta Alcorta. Desde donde estábamos se veía hasta la estación. Eran todas quintas y campos. Mi padre trabajaba como comerciante; tenía una mimbrería.

I: ¿Qué opina de la Villa Adelina actual?
A.B: Buenísima, Rechazo todo por Villa Adelina. Si me regalaran un departamento en la Capital no lo aceptaría, no me iría de Villa Adelina, porque no la cambio por nada en el mundo.
 
Villa Adelina tenía que vivir este momento. Su gente también.
 
Había que reconocerlos a ellos... a los que vinieron a un lugar casi desértico, donde no había nada, sólo tierras y lagunas, donde el vivir se hacía sacrificado, porque todo estaba por hacer. Sin embargo se quedaron se afincaron; aquí nacieron sus hijos y lucharon férreamente para que este pueblito creciera.
 
El primer almacén, la primera panadería, el lechero caminante deambulando con su vaca, la primera carnicería, comisaría, colegio y más, mucho más... todo había que crearlo con las manos; y ellos lo hicieron.
 
Muchos de estos primeros inmigrantes ya no están, pero habrán presenciado la fiesta con una sonrisa en los labios... desde allá arriba.
 
Otros son hoy abuelos carismáticos, dulces, que con honda emoción dijeron: "Presente, aquí estamos, aquí nos quedaremos; formando parte de esta querida comunidad de Villa Adelina."
 
Susana Vázquez - Marcelo Ferrando

(Publicado por Teresa N. Bertucci)