domingo, 20 de octubre de 2013

Vecinos de mi barrio

Nélida Olga Langenechin-Miguel Bueno
 
Visitamos la casa de Paraná al 6700 casi llegando a Fray Cayetano Rodríguez y somos atendidos por el matrimonio de Nélida Olga Langenechin (deformación del apellido alemán Langhenein) y Miguel Bueno.
 
Nélida (que nació en 1934), nos relata que se mudó a esta casa en 1949, que estaba construida en el año 1939 y era de Marcos Ostigiansky. Por aquel entonces su casa era la única de la cuadra, el resto eran tierras de quintas o lotes baldíos. Toda esta zona originalmente fue propiedad de Bernardo Ader, Nélida tuvo un local frente a la actual vivienda, dedicado a la venta de ropa para niños.
Su padre fue Guillermo Langenechin, nacido en Colonia Vélaz, en la provincia de Buenos Aires que llegó a Villa Adelina procedente de Pérez Millán (Prov. De Bs.As.) adonde trabajó como ferroviario desde 1920. Trasladado por el Ferrocarril Central Córdoba a Buenos Aires, se desempeñó en Boulogne y luego como auxiliar de primera en la estación Villa Adelina. Aquí tuvo como compañero, entre otros, a Domingo Santieusanio, padre de Osvaldo Ramos que fue cantor de tangos en varios conjuntos orquestales, siendo el último de ellos la orquesta de Juan D'Arienzo.
 

Diplomados - Nélida (Pocha) y, entre otros, Alberto Caputo (Chichí)
Nuestro vecino Miguel Bueno, nació en la localidad pampeana de Speluzzi, Departamento de General Pico, el 12 de junio de 1928. Su padre fue Rodrigo Bueno, fallecido en 1954, a los 64 años, era español de Aragón. Su madre Florinda Leranoz, fallecida en 1982 a los 86 años.


En 1941 vivieron en el barrio de Agronomía (Capital Federal). Se casó con Nélida el 19 de setiembre de 1953 y son padres de Graciela y Adriana.
 

La familia Langenechin-Bueno en el festejo del cumpleaños de Miguel
Miguel es humorista, en una línea de fino humor, quizás semejante al de Juan Verdaguer u otros de ese  estilo. En tal carácter participó en el programa "Finalísima" en 1988, en 1997 con Julio Lagos en "De broma en broma".  Es tío-abuelo del cantante cuartetero "Rodrigo".



 

 

Miguel Bueno nos menciona que en oportunidad que su ciudad natal, Speluzzi, cumplió los 100 años el 11 noviembre de 2007, editó un libro de excelente calidad, con 200 páginas de papel satinado y tapas donde registró  el origen del nombre, la historia de la localidad y pequeñas biografías de sus vecinos desde los tiempos de la fundación. Es un ejemplo que le parece digno de imitarse, teniendo en cuenta además que en aquella oportunidad su población era de 258 habitantes. 
 
Miguel Ángel Lafuente. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

Francisco Diurno, una personalidad del barrio

Adelina... la Princesa

...Transcurrieron algo más de dos años investigando y escribiendo la historia que ya me fascinaba. Hallé varias contradicciones que se precisó mucho tiempo para descifrarlas, como fue la correcta identidad de Adelina y su familia; la construcción y pertenencia del denominado "castillo" y la compra-venta de las tierras donde se levanta la "Torre Ader", además de otras erratas de menor importancia.

El motivo por el cual me había prestado a trabajar tanto sin la obtención de beneficio alguno, para que Villa Adelina tuviera en un volumen toda su historia, se debia, principalmente, a mi curriculum:

Durante 48 años he vivido en ella; tuve comercio propio y desempeñé distintos cargos en las comisiones de varias Instituciones: Secretario de la Sociedad de Fomento "Unidad Villa Adelina"; Tesorero de la "Sociedad de Fomento y Biblioteca Popular de Villa Adelina"; fundador directo de la Sociedad "Amigos de la Calle Paraná" en el cual, durante cinco periodos discontinuos fui su Presidente; Director del órgano mensual de la Sociedad "La Voz"; Presidente de la Sociedad Cooperativa de Fomento y Obras de Bien Público Limitada "INTER" compuesta por catorce Instituciones de la localidad, entre otras de menor importancia una nota aparecida en el diario "La Nación" el 13 de febrero de 1979, bajo el título "El nombre de Villa Adelina", fue la chispa inicial de todo lo que aconteció después.


Diurno con su hija Elena

En ella, el autor de la misma, señor Derek Drysdale, entre otras cosas expresaba que era pariente de Adelina, daba los nombres de los padres para luego explayarse sobre cuestiones de herencia y por último, informaba que Adelina se había casado con un príncipe italiano, María Colona, que tuvo varios hijos que residían en Roma y daba los nombres, los que se utilizaban en familia.

Con ello, descubrí que el motivo por el cual se habían tejido distintas teorías en torno a la identidad de Adelina, había sido porque dejó de residir en la Argentina...

...Siempre en la búsqueda de la información correcta en mis andanzas de investigador, tuve la necesidad de golpear infinidades de puertas, de las cuales, muchas permanecían cerradas, otras se abrían y cerraban indiferentes y solo unas pocas me brindaron el coraje de seguir adelante. Fue en una de éstas últimas circunstancias que tuve la inmensa dicha de conocer a una prima legítima de Adelina, María Munro, la mayor de las tres hijas de su tío Jorge Munro, quien muy gentilmente se aprestó a ayudarme a que conociera en detalles las grandes cualidades personales que caracterizaban al abuelo, su "grand-papa" Duncan Mackay Munro...

...Creo que es sumamente necesario aclarar, sobre todo para los historiadores que se ocuparon o que desean ocuparse en lo que respecta al origen de la titularidad de las tierras en que se yergue gallarda la Torre Ader, que la historia que se cuenta en la actualidad se halla equivocada. Los fundamentos de esta aseveracion esta dada por lo que ya hemos conocido al principio de esta historia: que Juan y José Drysdale, dos hermanos que eran titulares de una antigua firma importadora de maquinarias agrícolas, fallecieron en los años 1890 y 1893 respectivamente, existen pruebas de ello. Por lo tanto, jamás pudieron haberle vendido en 1914 a Bernardo Ader la tierra en que, luego, hizo levantar la elegante Torre que lleva su apellido o el de una antigua Torre situada a mil pasos de Belén en Palestina. Alli oyeron los pastores el anuncio del nacimiento de Jesucristo...

...En lo que respecta directamente a la fracción en la cual se halla implantada la Torre, estoy en condiciones de asegurar, gracias a los buenos oficios de los empleados del Ministerio de Obras Públicas (Geodesia) y del de Hacienda (Catastro) de la ciudad de La Plata que, se halla inscripto bajo el numero 42.560 Serie C-Año 1908 Y que Emilio Bieckert vendió el 7 de abril de 1908 a Bernardo Ader... etcétera. El escribano interviniente fue Alberto M. Haedo...

...Años mas tarde, su sucesora Ana Elisa Ader de Grumbaum por (1968/1969) dona la Torre a la Provincia de Buenos Aires y por (1979/1980) la Provincia la donó al Municipio de Vicente López. En este momento mantiene la custodia de la Torre Ader el Instituto de Investigaciones Históricas -dice un folleto que me ha sido entregado en el Museo y Biblioteca de la Torre Ader, que funciona en la misma-, con el fin de organizar un complejo cultural municipal que asesore a las escuelas y a las autoridades en materia de señalamiento de lugares tradicionales que se conservan en ese medio.
FRANCISCO DIURNO

 


martes, 1 de octubre de 2013

Una familia de San Isidro

Los Abriata en Villa Adelina

"Entre nosotros, donde sobreabundan los figurones, es plausible investigar sobre las personas de nuestro pasado que no llegaron a ser personajes.

Esto viene a corresponder, en cierto modo, a la elaboración de una historia 'popular' más profunda y llena de contrastes -me refiero a los efectos de luces y sombras- que la deslumbrante historia de los héroes.

En la historia, como en las guerras, el desconocido es siempre el soldado, no el general. La justicia de la posteridad consiste, pues, en depositar algunas flores de inteligencia ante el osario común de tantos olvidados, para mantener vivo el recuerdo de quienes vivieron con más pena que gloria".


Prof. Francisco Pedro Laplaza. Penalista, ex Decano de la Facultad de Derecho, Miembro Titular de la Academia Porteña del Lunfardo y del Junta de Estudios Históricos de Belgrano.

Antes de la llegada del ferrocarril (el Central Córdoba Extensión a Buenos Aires) lo que actualmente se conoce como Boulogne y Villa Adelina, eran llamadas respectivamente como las Lomas de San Isidro y los Altos de Martínez. No tenían nombre propio, salvo la mención del paraje conocido como La Adelina, nombrada por lo menos desde mitad del siglo XIX en varios documentos históricos, encontrándose escrituras con esa denominación y documentos con la firma de Rivadavia (según la hipótesis del profesor Ramón Miranda).

(Nota: el profesor Miranda, fallecido, fue Miembro de Número del Instituto de Historia Municipal de San Isidro. No hemos podido encontrar familiares u otros conocidos).

La última de las grandes extensiones dedicadas al cultivo de la verdura, que sobrevivió durante el siglo XX, es la que iniciara hacia 1908 el inmigrante Guillermo José María Abriata, su mujer Anna María Gobello y los doce hijos de la pareja.
 
 
Según los archivos históricos, entonces en el Museo Pueyrredón, la quinta se puso en venta en 1908 y tenía una superficie de "treinta y un hectáreas, diez y seis áreas y cuarenta y siete centiáreas". Su dueño era Eliseo Cantón, que mandó publicar avisos para promocionar la propiedad y donde decía que la próxima estación del F.C.C.C. pasaría a metros del lugar.

Los límites de la quinta eran las actuales calles Gorriti, lindante con la propiedad de don Avelino Rolón, que después de su muerte fue donada a la "Escuela Hogar Carlos de Arenaza"; Yerbal, con las tierras recién compradas por el Ferrocarril C.C.; Colombres, con los Rebagliati -actual fábrica Orbis- y Lamadrid, con las tierras de los Hnos. Cantón (ver en el plano).



 
Cuando la propiedad se puso en venta y a punto de ser fraccionadas, apareció Guillermo J. M. Abriata, que sin un peso, pero con una gran amistad personal con don Agustín Repetto, el más poderoso caudillo radical de entonces, le otorgó un préstamo, sin documentos, pero con el compromiso de pagarle, cuando sus tierras estuvieran produciendo. El inmigrante era hombre de palabra, analfabeto y muy inteligente.

La vieja casona ya tenía su pasado. Fue construida a la usanza de los cascos de estancias de los siglos XVIII y XIX, su diseño interior del tipo chorizo, es decir, habitaciones conectadas a través de puertas con dos hojas, dando a una galería común, cada habitación con su vestidor y un sótano que se usaba como bodega, así como los ladrillos de tipo colonial, mosaicos y tejas importados de Francia. Habría sido hecha no antes de la mitad del siglo XIX. No hay documentos que avalen la antigüedad de la casa, como tampoco lo hay -por el año de referencia- a ninguna de aquella época: la del actual Museo Pueyrredón y el viejo edificio municipal de San Isidro, que es de 1872.

El domingo 12 de julio de 1908, don Guillermo Abriata y su mujer Anna María Gobello, no tuvieron otra alternativa. Habían abandonado el ranchito que tenían en terrenos del ferrocarril inglés y con unos buenos pesos que les dio Diego Carman, el administrador del Ferrocarril C.C. en compensación por sacarlos del lugar, decidieron comprarse "algo".

Don Abriata, ya era un gringo totalmente acriollado, pero con todas las costumbres de su Piamonte natal en cada una de sus maneras. Recto como buen gaucho, incansable trabajador de la tierra como inmigrante hambriento y con deseos de un lugar propio que la Europa le negara, analfabeto como la mayoría de la gente de entonces, el remate de ese día era la oportunidad de su vida. Venían de Florida y el cambio de siglo lo habían pasado en el rancho donde con algunos de sus hijos mayores, plantaban verdura de todo tipo. No más de una veintena de agricultores y horneros formaban la población. La mayoría arrendaba su pedazo de tierra a minifundistas que venían de vez en cuando a cobrar su renta, pero que paseaban su fortuna y vivían en el pueblo, esto es en San Isidro devoto y sitio de descanso de fin de semana de damas y damitas porteñas. En esa situación estaban los Cantón y Avelino Rolón, quienes años después serían sus vecinos. A los verdaderos dueños de la tierra muy pocas veces se les veían las caras.

La de los Abriata llegó a ser la más dinámica y rica quinta de San Isidro, y la última en desaparecer en 1978. Esta pequeña empresa agrícola arrancó con media manzana, y don Guillermo fue tan empeñoso con sus manos como rápido con la cabeza para los negocios. Tuvo visionariamente la certidumbre de que ese lugar algún día gozaría de progreso. A los pocos años de instalarse, la tierra le resultó escasa. Como los dueños de la tierra aledañas no las ocuparon, quedaron libradas a su suerte, y el labriego -con sus doce hijos- tomó posesión de las mismas.

El tren, promesa de los rematadores, no apareció por ninguna parte. Los años pasaron y los que prometieron pagar en mensualidades, abonaron las primeras cuotas y ante la falta de noticias de progreso y del ferrocarril, no pagaron más.

Don Guillermo siguió labrando la tierra y mientras no hubiera reclamos, ocupó las 31 hectáreas originales, que limitan con las actuales: Gorriti, Lamadrid, Colombres y Yerbal.

Cuando finalmente apareció el ferrocarril, también se presentaron los primeros reclamos. Pero todo lo arregló pacíficamente y aquellos reclamantes recibieron lo suyo.

En los años cincuenta se llegaron a cultivar hasta 70 mil plantas de tomates por año y toneladas de papas, zapallitos, hinojos, melones, sandías, que llegaron regularmente a abastecer a las mesas capitalinas.

Don Guillermo fue precavido con sus ahorros, ya que dejó a sus herederos una gran cantidad de terrenos, muy bien ubicados en lugares cercanos a las estaciones Boulogne y Villa Adelina.
 
Junto a la desaparición física de los Abriata (Ana María murió en 1921 y Guillermo en 1931) que trabajaron la tierra con sus manos, la irrupción de las casas que fueron cercando a los campos y el mal negocio que resultaba la producción de verduras, ayudó para que la Quinta de los Abriata cayera, bajo el peso de los nuevos vecinos y de los nuevos tiempos.

 
Atrás quedaron las ceremoniosas fiestas donde toda la vecindad, agricultores y ferroviarios recién llegados, disfrutaron de aquellas largas tertulias, que se cortaban con el "se acabó el baile" cuando el sueño empezaba a cercarlo a don Guillermo.

(Nota: se tomaron algunas referencias para este texto del periódico Pueblo Chico, de mayo de 1993).

Exposición de la Junta de Estudios Históricos de Villa Adelina en la IV Jornada de Historia de El Talar, el 24 de octubre de 2009, y la XI Jornada Histórico-Geográfica de Tres de Febrero, el 31 de octubre de 2009.

Miguel Ángel Lafuente
Secretario JEHVA
 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Almaceneros del barrio

Han pasado más de sesenta y cinco años, sin embargo, aún recuerdo los viejos almacenes.

Nombraré sólo a tres de ellos:

El de Antonio Pita (después fue de Pedro Balboa) ubicado en la esquina de Los Fortines y Guayaquil. Cuando era niño, en las visitas a mi abuela María, moría si no me convidaba con los sabrosos quesos y salames que compraba a Don Pita.

El de Emilio Salomone que estuvo en Los Fortines y Las Floridas anexaba un Despacho de Bebidas. El almacén era atendido por sus hijas Ema y Adela y cubría el abastecimiento familiar de todos los días.  

Otro fue el de Eugenio Parodi, en Los Fortines y Los Ceibos, que además a sus instalaciones agregaba Despacho de Bebidas y Cancha de Bochas.

 
 
 
Por lo general a los almaceneros se los veía detrás de un largo mostrador, mojando con su lengua la punta de un "lápiz de tinta" que siempre apoyaban en una oreja, anotando en una libreta de tapas de hule negro lo que el cliente pedía "al fiado". Aquella libreta era, guardando las distancias, lo que ahora llamamos tarjeta de crédito. En las paredes circundantes se alineaban las estanterías de madera que en su parte baja tenían cajoneras con frente vidriado.

Recordaba aquellas medidas de un cuarto, medio, y de un litro, para medir el vino suelto. Con maestría, apoyaban la damajuana sobre el muslo de una de sus piernas y con una sola mano la sujetaban del "cogote" mientras que con la otra tenían la manija de la medida, que eran unos jarros cilíndricos enlozados de color blanco, algunos ya descascarados por el uso. También estaban los de hojalata, destinados al aceite o el kerosén.

Si la venta era de grasa, manteca o queso, la mercadería se envolvía en papel manteca y con papel de "estraza" le ponían una segunda envoltura. Con el de estraza envolvían los "diez de yerba", de azúcar, de arroz, de lentejas, de arvejas y porotos.

En la venta "al menudeo" el almacenero demostraba su habilidad para envasar. Colocaba la mercadería en el papel y le hacía un doblez. Luego, con las dos manos, tomaba los ángulos y con "una voltereta" cerraba el paquetito que quedaba como una especie de empanada. A los fideos los tomaba con la mano. Dos o tres "puñados" servían para los 10 centavos. Con un último "puñado" agregaba por goteo hasta equilibrar la balanza de dos platos. En uno de ellos estaban las pesas.

Los envases de azúcar o de yerba eran de muy buena arpillera, que luego servía para que los docentes de trabajos manuales, en la escuela primaria, enseñaran a construir los asientos de los banquitos con patas cruzadas. Las de yerba eran bolsas cilíndricas, cerradas en sus extremos, con tapas circulares de madera. Las tapas se clavaban sobre tres palos de escoba. Con ellas, las amas de casa inventaban porta macetas y los chicos las usaban como ruedas para sus carritos.

La variedad de fiambres era reducida: mortadela, salame, chorizos, morcilla y las dos clases de queso -el de rallar y el blando (mantecoso)-. También vendían un fiambre muy artesanal que llaman "queso de chancho".

En frascos de vidrio de boca ancha y tapa de madera estaban los pickles, los ajíes y las aceitunas. Los almacenes más surtidos ofrecían anchoas saladas, que eran envasadas en su país de origen y en latas cilíndricas. Tampoco podían faltar el carbón, las papas y los huevos, que algún vecino vendía de su producción casera o hacía trueque por algún otro alimento o bebida.

El pan era otro artículo del viejo almacén. Alternaban el francés en tiras, y el alemán (era regordete como la quilla de un barco y "migudo"), junto con los bollitos caseros y las tortillas artesanales. Productos del horno de barro, alimentado a leña que había en el fondo de la casa y amasados por la señora. El reparto del pan lo hacían en jardineras con tracción a sangre (Panificación Argentina), que con el tiempo fueron reemplazadas por vehículos motorizados.

La leche de vaca se vendía en botellas (La Martona, Usina Santa Elena) que se distinguían por tener boca ancha y su tapa de fina lámina de aluminio o de cartón encerado. En aquella época, también la leche se vendía en la calle directamente del animal al consumidor como lo hacían los Urabayen, las hermanas Scutti, o en carros como acostumbraron Freire, los Álvarez, los Hnos. Vera y Garín.

En cuanto a las bebidas, el listado no era extenso: el clásico tinto, el blanco y el moscatel que vendían suelto o en damajuanas de cinco o diez litros, o "al copeo".

Por ese entonces, para calentar el cuerpo estaba la ginebra, y el fernet era para asentar la comida. Unos traguitos de hesperidina mejoraban la circulación. Hablar de whisky o de champán era para las altas esferas: no eran artículos de almacén. Entonces, llegaban las fiestas de fin de año y el viejo almacén se alhajaba con las botellas verdosas de cogote dorado. El cognac y la cerveza tampoco podían faltar en el boliche: la negra, la blanca y la cerveza malta (Malta Mamita) para alguna vecina de parto reciente.

El almacenero era quien sacaba del apuro al vecino (con la soda, el vino, el quesito, el salame y los pickles) cuando llegaban visitas inesperadas. Cuando había almuerzo, queso y dulce de batata para el postre.

Los productos de limpieza eran encabezados por el pan de jabón para lavar la ropa (Federal). Alguna vez trajo una llave de premio para una casa. Lo seguían: la escoba de cuatro o cinco hilos, la bolsita de azul para blanquear la ropa "percudida" y la fenelina (acaroína) para los baños.

Los condimentos eran los clásicos: pimentón, comino y una latitas amarillas del tamaño de un dedal, que contenían el azafrán español.

Pasaron los años y el viejo almacenero, aquel que a los niños nos daba de "yapa" un caramelo, se fue perdiendo con el supermercadismo. Sin embargo, quedó en el recuerdo de aquellos niños del treinta o del cuarenta, que acompañaban a la madre y esperaban el gesto que les endulzaba la vida.
 
Miguel A. Moschiar - 22/9/13

Algunos pasajes han sido extraídos o adaptados de: http://weblogs.clarin.com/puebloapueblo/2007/03/16/viejo_y_querido_almacn/

viernes, 20 de septiembre de 2013

Memorias de un emigrante zamorano - Parte 9

MIS TAREAS DE INVESTIGACIÓN

En mi forma de ser siempre estuvieron presentes las tareas de investigación, recuerdo que ya cuando repartía diarios, sabía detenerme muchas veces en el parque Cisneros; este era un lugar de varias hectáreas llenas de pinos, deshabitado, donde solo se veían varias canchas de fútbol que eran mantenidas por los muchachos de la zona. Nunca supe quien era el dueño de esa extensión de tierra que se decía que había vivido el Virrey Cisneros en la única y muy antigua casa que había y que se apreciaba su arquitectura y detalles de lujo a pesar de estar abandonada.

Este parque lo cruzaba todos los días al final del reparto de diarios y como todo aquí era medio salvaje, se veían animalitos de distintas especies al igual que muchas aves que hace años han desaparecido, entre ellas el hornero. Este pájaro es una lástima que ya no esté... construía un nido sobre postes de luz o teléfono o el que fuera, que daba gusto verlo. Era redondo como una bocha, todo de barro y paja, con la entrada orientada al norte; parecía un pequeño horno de barro. Es increíble la inteligencia de este pájaro; la entrada tenía una pared interior en diagonal que simulaba un pórtico y no dejaba ver el interior, además de impedir la entrada de la lluvia.

Muchas veces me quedaba un buen rato mirando como construían el nido y si no era esto podía ser un hormiguero, ranas; había una laguna que tenía muchas, también peces de colores, en fin había de todo y me gustaba observar y sacar muchas conclusiones.

Al día siguiente de una lluvia era común encontrar debajo de los pinos, hongos de los buenos, iguales a los que alguna vez juntaba entre los trigales en mi pueblo, algunos eran grandes, casi del tamaño de una boina vasca. Mamá los llamaba cocorriles.

Siempre recuerdo las palabras del profesor de Física del industrial Sr. Di Lorenzo: Nunca se conformen con saber que algo sucede... lo verdaderamente importante es saber por qué sucede...

Con los años sería yo quien diera este sabio consejo a mis alumnos, también lo utilicé en muchos escritos siempre mencionando al Sr. Di Lorenzo.

Con estas palabras quiero decir que siempre se me dio por la investigación no solo en electrónica, también en otras ramas de la ciencia. El resultado han sido algunas patentes y registros que me han otorgado en el INPI (Instituto Nacional de la Propiedad Industrial) y de la Dirección Nacional del Derecho de Autor. Acompaño algunas copias de la carátula de algunas patentes, las últimas otorgadas el 8 de Octubre de 2004 y el 26 de Octubre del mismo año.

Debo decir que llegaron a cansarme en el INPI con las vueltas que me dieron en la gestión de cada patente, a tal extremo que abandoné muchos intentos de otras cosas interesantes.

Hubo muchas "cosas extrañas" en las actuaciones, vistas y observaciones irregulares; terminé por abandonar varios trámites y como ya dije otros no iniciarlos. Le quitan las ganas a uno.

Tengo que decir que yo lo hacía completamente todo, los escritos, planos, circuitos, reivindicaciones, contestaba las vistas etc. etc. ya que encargarle estas tareas a una agencia de patentes cuesta mucho dinero, que yo no tenía. Pero que voluntad de continuar las gestiones me puede quedar cuando por ejemplo, la última, otorgada el 26-10-04 se comenzó el trámite el 02-09-94... ninguna tardó menos de 6 años y siempre "paseando" por los pasillos y oficinas.

Llegamos al colmo cuando un día, también de Octubre de 2004 (que sugestivo, no?) recibo dos notificaciones del trámite de dos patentes. Cuando vi los sobres me puse contento, me dije, por fin, después de tantos años salieron...

Una parte del texto de dos carillas decía: 
LA ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE PATENTES DISPONE: ARTÍCULO 1º.- Declarar el desistimiento de la solicitud Nº P19960103770 presentada con fecha 26-07-1996 por Fuentes Gregorio con domicilio legal. etc. etc.

El otro sobre decía exactamente lo mismo con la única variante del número de la otra patente... Me acababan de "limpiar" dos patentes muy interesantes. 

Vean el título de una de ellas para darse una idea: 
"UN PROCEDIMIENTO DESTINADO A LA LECTURA DIGITAL DE LA PRESIÓN EXISTENTE EN LÍQUIDOS O GASES MEDIANTE UN SENSOR DE EFECTO HALL APLICADO EN UN MANÓMETRO". Alguien podría pensar que después de haber invertido tanto tiempo y dinero en estas dos gestiones de patentes podía desistir de ellas, cuando ya estaban todos los trámites hechos??... no señor, estaba esperando su otorgamiento, nunca hubo un aviso previo ni nada...

Bien, hasta aquí llego con el relato que pienso es bastante abundante, sin embargo todavía queda mucha tela para cortar... pero con lo expuesto es más que suficiente para expresar las vivencias de este zamorano que salió de su tierra cuando todavía era "un brote verde y tiernito" y terminó de madurar en otra tierra que aceptó el transplante. Espero no haberlos aburrido con la exposición, solo me queda agradecer nuevamente a mis compatriotas por haberme tratado como un hermano, verdaderamente es lo que siento, y decirles que nunca olvidé nada de mi patria a pesar de mi corta edad.
(con esta última nota damos por finalizada la transcripción de fragmentos del libro "Memorias de un emigrante zamorano", de Gregorio Fuentes.)
Miguel Angel Moschiar

lunes, 16 de septiembre de 2013

Memorias de un emigrante zamorano - Parte 8

LA VIDA CONTINÚA... EL TALLER, LAS VILLAS

Efectivamente, la vida continúa, ahora trabajando en el taller de reparaciones de equipos electrónicos. Para este tiempo, tenía dos clientes importantes que me daban entre ambos más del 50% del trabajo, uno era una casa de artículos para el hogar en Munro, se llamaba Uramar (el comercio) y el otro un fabricante de televisores (Mario L. Ferreira Teixeira) con la marca Weimar en sus televisores.

Todos los días tenía entre 4 y 8 televisores para reparar en domicilio, casi todos en alguna Villa de Emergencia (comúnmente llamadas Villa Miseria).

Como se imaginarán, soy uno de los pocos que conocen bastante bien a esta gente, como son, como viven... yo tenía que convivir con ellos por un rato, en el interior de sus muy modestas "casitas" hechas con cualquier cosa, maderas de cajones de manzana, latas viejas, chapas de cartón etc.

Mi conclusión con respecto a ellos y su modo de vida, es la siguiente: El 95% de la gente es muy buena, solidaria y trabajadora. Son pobres, pero honrados, no ladrones como suelen calificarlos a todos por igual...

Lo que pasa es que tienen un coeficiente y nivel de educación relativamente bajo, no en todos los casos por supuesto, a lo que debemos agregar que debido a esto, suelen ser explotados fácilmente por gente inescrupulosa [sic] que nunca falta y principalmente políticos que solo se acuerdan de ellos cuando hay elecciones.

Pero hay un 5% de delincuentes de todo tipo, que habitan la villa, mezclados entre la buena gente; no son residentes, la usan de aguantadero [sic]; Estos son los que "hacen tanto ruido" que luego los demás habitantes del país los involucran a todos por igual, como decimos vulgarmente "los meten en la misma bolsa" y los quieren quemar a todos.

Deben saber que ese 95%, los buenos, son los que menos los quieren y son quienes más desean la presencia policial (aunque a alguien le parezca mentira) que les permita vivir con mayor tranquilidad y seguridad, porque ellos los sufren más que nadie y no pueden hacer nada... pero, claro, quien le va a dar "bola" a esos "villeros de m..." [sic].

No saben lo equivocados que están. Después de convivir años con ellos (en esas visitas diarias de service) de entrar con el auto hasta donde podía (luego había que seguir a pie) creo que tengo suficiente autoridad para opinar. Nunca me pasó nada ni a mí ni al auto y fui siempre tan bien atendido como lo sería un médico seguramente. Si caía al medio día, como sucedía muchas veces, me invitaban a comer y se molestaban bastante porque no aceptaba el convite, pero realmente tenía mucho que hacer y no podía detenerme.

Lo que sigue marca lo escrito sobre esta gente: Terminada la reparación, mis manos estaban negras de polvo y hollín; téngase en cuenta las condiciones en que viven... el interior del televisor estaba lleno de polvo ya que adentro de la vivienda era medio parecido a estar afuera, por las rendijas que tienen las paredes. En una ocasión, reparé un televisor cuyo defecto fue provocado por un ratón que se metió, provocó un cortocircuito y no funcionó más. Cuando saqué la tapa allí estaba el pobre bicho, electrocutado... Era común encontrar toda clase de bichitos y alimañas muertas en su interior además del polvo. Bien, sigamos con mis manos sucias.

No bien terminaba el trabajo y sin decir ni pedir nada, ya tenía preparada una palangana con agua, un jabón nuevo y una toalla limpia impecable.

Esto que parece una nimiedad, no es tan así, esta gente y los que componen la villa, suelen tener una canilla que los provee de agua a todos; Pensemos que algunos viven a 400 metros o más de esa canilla y que generalmente hacen cola para llenar un par de baldes y llevar agua a sus casas. Con esto quiero decir que esa palangana con agua y esa toalla limpia, no significa lo mismo en una buena vivienda de clase media que en esos ranchitos...

OTRAS ACTIVIDADES

Más adelante me puse a fabricar televisores, la marca de fantasía (sin registrar) era Tevesonic, puse un amigo que había sido corredor libre, experto en ventas domiciliarias llamado Luis Esponda, quien a la postre sería uno de mis mejores amigos y algún otro vendedor. Las cosas andaban bien y alquilé un local, continuaba con las ventas domiciliarias y también al público en el comercio.

Luego agregué muebles y más artículos a medida que iba creciendo; también traje a trabajar conmigo a mi hermana Pilar, que lo hizo durante unos años. Esta actividad la desarrollé durante unos 20 años más o menos, en ese tiempo estuve alejado de la electrónica completamente, o sea que mi actividad era netamente comercial y me iba bastante bien, hasta que nuevamente cambió la suerte.

Me metí en una sociedad con dos amigos para comprar una estación de servicio (creo que en España le dicen gasolinera) y nos estafaron a los tres. Quedamos medio a los tumbos [sic].

Luego me estafó el "hombre de confianza" que tenía en el negocio (puso otra mueblería con lo que me robó) y para remachar los clavos, como decía mi madre, en la década de los 90, durante el gobierno de Menem las cosas iban cada vez peor así que liquidé todo y volví a mis viejos amores: la electrónica y Radio Instituto. Digamos que unos años antes ya había empezado nuevamente a ponerme al tanto de los avances que se habían producido en ese "bache" tan grande que estuve alejado y estaba recuperando terreno rápidamente.

Radio Instituto tampoco pudo escapar a la debacle económica de esa época y me encontré con los "restos". El edificio de la Av. Rivadavia donde se dictaban las clases personales se había vendido y naturalmente ya no se daban más clases. Quedaba solo una oficina donde todavía continuamos con la enseñanza a distancia, pero la economía no alcanza a despegar.

Es simple de entender: Mientras la clase obrera no tenga salarios dignos que le permitan vivir y ahorrar un poco, nosotros no podremos crecer, porque trabajamos con ellos. Ahí está nuestro caudal de alumnos. Pero no perdemos las esperanzas que todo repunte nuevamente.

Pero también este retorno tiene su parte sentimental y romántica... Me encuentro nuevamente con Gladys Beatriz Paz que había sido compañera en las oficinas de la escuela en la "época de oro", cuando estábamos en la calle Billinghurst 543 de Capital Federal y yo era uno de los profesores, andábamos por los 20 años más o menos en aquel entonces. Y bien, lo que no pudo ser en aquella época se cristalizó en ésta.

Hoy somos un matrimonio que se quiere bien, nos llevamos tan bien que hasta discutimos y todo... un poquito bahh (en los matrimonios que no existen discusiones, algo no anda bien...).

Además debo decir que sin ella no se que hubiera pasado conmigo; fue la más fiel y diligente compañera que Dios o mi Ángel de la Guarda (ojo que es de los buenos...) puso en mi vida.

Ella estuvo a mi lado en dos infartos que tuve, gracias a Dios pequeños, pero infartos al fin, se movió por todas partes en los hospitales que estuve internado y realizó gran cantidad de trámites que son necesarios para el ingreso al programa de España Salud, como así también en la pre y post cirugía cardíaca (fui operado el 03-02-04). Una joyita. Al principio de la presente biografía me refiero a este hecho y como mis compatriotas de Buenos Aires, ante la urgencia del caso me allanaron velozmente el camino para asociarme.
(siguen los relatos fragmentados de este libro)