domingo, 25 de agosto de 2013

"Memorias de un emigrante zamorano" - Parte 4

MI INGRESO A PRIMERO SUPERIOR

Primero debo aclarar para quienes no saben y principalmente para los más jóvenes, como era la escala de clasificación en los estudios primarios de esa época.

Los años que se debían cursar eran 7, pero se clasificaban de la siguiente forma: 1º Inferior, 1º Superior, 2º, 3º, 4º, 5º y 6º y se denominaban grados, no años, por ejemplo tercer grado "B", porque podría haber, según la cantidad de alumnos tres o más terceros grados, por lo que en tal caso serían tercero A, tercero B, tercero C y tercero D. La letra identificaba que tercero era.

Este modo de clasificar los grados no me pareció nunca muy lógico, por ejemplo, si cursabas el tercer grado significaba que en realidad estabas en el cuarto año de estudio.

En la actualidad y desde hace años se eliminó el primero superior, como debe ser, y se estableció para Capital Federal la escala más lógica del 1º al 7º grado. En la provincia de Buenos Aires se agregaron dos grados más, también obligatorios que vienen a ser preparatorios de los estudios secundarios.

Este prólogo viene a cuento para poner al tanto al lector de cómo eran las cosas en esos tiempos porque ahora voy a contar el momento que le tocó vivir a mi madre cuando fue a anotarme para el próximo grado, es decir, primero superior.

Estando ya en fecha para inscribir a los niños en el próximo ciclo lectivo, un día mi madre fue hasta la escuela para hacerlo. Se trataba de la nueva escuela, grande, hermosa, con gran capacidad para recibir muchos alumnos, por lo que ya sabíamos que íbamos a estar cómodos en sus modernas instalaciones. Hasta tenía olor a nuevo.

Este relato es de mi madre, yo no estuve presente. Dice que había varios escritorios, cada uno con una fila de madres que iban, como ya he dicho, a inscribir a sus hijos. Cuando le piden los datos míos y dice mi nombre, lo escucha la maestra del escritorio de al lado. No me digas que ese chico te va a tocar a ti... no te imaginas lo que es... que suerte tienes... y un montón de elogios, en fin... que mamá llegó a casa recontenta.

Para hacerla corta diré que ese grado también lo superé con holgura y sin ningún problema, era el año 1950 y como anécdota diré que todos los días se habría el cuaderno con la fecha del día y la frase: 1950, año del Libertador General San Martín. Luego de ello comenzábamos la actividad del día.

ENAMORARSE DE LA MAESTRA...

Al igual que el año anterior, cuando mamá me fue a inscribir para el segundo grado parece que hubo comentarios similares, yo ya era conocido por bastante gente de la escuela. Pienso que mucho tendría que ver mi acento y mi condición de "charlatán" desenfadado. En cuanto al acento ya se notaba poco, me estaba argentinizando a grandes pasos.

Mi maestra se llamaba (espero que se llame todavía; porque era joven...) Carolina Roca y fue el ser más adorable que haya conocido en todos los años de estudiante, primarios y secundarios. Después que ella nació, se rompió el molde... Además era muy linda y estimo que tendría entre 18 y 20 años.

Era tan buena persona y tenía una capacidad para enseñar tan especial que todo el grado, varones y niñas (era mixto) estábamos "enamorados" de ella, entiéndase bien, en el buen sentido.

Miren como sería la cosa, que el "Negro" Lucero (Lucero es el apellido y negro le decíamos cariñosamente) un día tuvo que cambiar de turno, este era de mañana y pasó a la tarde porque tenía que ayudar a su padre en el trabajo.

El padre era hacedor de pozos ciegos. Para quienes no saben, los pozos ciegos se usan en lugares donde no existen cloacas es decir una red sanitaria, y a ellos van a parar las aguas de los baños y cocinas. Esto es muy común aún en la actualidad en muchas localidades.

Pero este trabajo no puede hacerse cuando llueve... y que piensan que sucedía en estos días?... pues el Negro Lucero estaba sentado en su lugar de siempre, sin delantal, solo venía para estar con nosotros, aunque todos sabíamos que el motivo principal era ver a la maestra más que a nosotros.

Siempre lo dejaron pasar, no hubo obstáculos que impidieran su presencia, piensen cuando llueve varios días... pues lo teníamos varios días. El problema era para él, pobre, esos días tenía doble jornada porque tenía que asistir a su clase que era a la tarde.

Ahora viene la relación de la maestra conmigo... Cuando llegábamos a la escuela más o menos 7,45 a 7,55 íbamos directamente al patio que era bien grande con el mástil de la bandera en el medio.

A las 8 en punto sonaba el timbre y a formar. Todos los grados en una fila de menor a mayor estatura; yo sería el 8º al 10º de la fila que en total debería tener entre 30 y 40 alumnos.

En ese momento, antes de cantar Aurora y enarbolar la bandera, todas las maestras se la pasaban recorriendo la fila de su grado de una punta a la otra. La primera vez que pasaba al lado mío, mi maestra, Carolina, se agachaba, ponía su cara al lado de la mía y suavemente me decía: Dame un beso... Alguien se imagina como me sentía yo??... ¡en la gloria naturalmente!. Esto sucedía todos los días. Lo que pasa es que después había que escuchar las cargadas de los compañeros de grado y de otros grados que veían lo sucedido, ehh oreja de la maestra... y otras cosas, algunas subidas de tono...

En ocasiones decidía pasar, una hora, por ejemplo, en una especie de recreo dentro del aula. Cerrábamos bien la puerta y las ventanas y cantábamos; todo el que supiera cantar pasaba al frente y cantaba. En esto se destacaba el "tano" (por italiano), Leopoldo Totera con canciones napolitanas, Pilar Martín, que a pesar de su nombre y apellido era francesa y naturalmente cantaba en francés, arrastraba la "rr" y todo, el Negro Lucero con canciones de nuestro folclore y yo con alguna de las que sabía.

En este asunto del cante, no había como pararlo al tano Totera, se entusiasmaba y quería cantar siempre él.

También hay un episodio medio dramático y muy tierno a la vez conmigo y mi maestra, Carolina. Un día salgo al recreo junto con todos los compañeros del grado y al llegar al patio veo una figurita en el suelo, me agacho para recogerla y desde atrás recibo una tremenda patada en los testículos. Caí al suelo ya desmayado.

Debo decir que había un "juego" muy bruto que le llamaban "el que se agacha la liga" y tiraban una figurita en el suelo. La cosa era levantarla sin que te peguen, había que ser muy rápido. Además en esos años había bastantes analfabetos ya medio adultos, era común ver alguno de 12 ó 13 años en el primer grado y fue justamente uno de estos grandotes el que me pateó. Yo conocía el juego, incluso me prendía en él, pero en ese caso recién pisaba el patio y no me di cuenta de lo que pasaba.

Me desperté viendo la cara de mi maestra que me llevaba, colgando la cabeza y los brazos, y las piernas desde las rodillas, es decir, iba cruzado en los brazos de ella. Alguna de sus lágrimas cayó sobre mi cara ya que la pobre mujer, mejor dicho la pobre chica, porque era muy joven, como ya dije, iba llorando caminando ligero por el pasillo que conducía a la dirección.

Cuando vio que abrí los ojos y que empecé a reponerme, lloraba más compungida, pero ahora esbozaba una sonrisa y me abrazaba. Después de un rato, ambos ya estábamos bien, claro yo con dolores por varios días.

Después de lo expuesto, que es la pura verdad, alguien puede pensar que mis sentimientos hacia ella, como dije en el principio son exagerados? Mientras viva nunca olvidaré un detalle y digo que hay mucho más para contar pero lo vamos a dejar aquí.

Solo voy a agregar que también aquí actué en una fiesta Patria, ahora en el escenario del salón de actos de nuestra nueva escuela, que dicho sea de paso, era un salón que no tenía nada que envidiarle a un teatro de los comerciales.


En esta oportunidad lo hice con varios compañeros del grado, bailamos un carnavalito "El Humauaqueño" y mi compañera de baile fue María Eugenia Arditi Rocha, descendiente de Dardo Rocha el fundador de la capital de la Provincia de Buenos Aires, La Plata. Había que verlo al "galleguito" vestido con ropas típicas del norte argentino...
(este relato continuará) 

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